Martín Soler Márquez, Secretario provincial del PSOE de Almería
La victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones generales y la de Manuel Chaves en las autonómicas son dos excelentes noticias para Almería. Es evidente que no debió parecérselo a una mayoría de electores almerienses la noche del pasado domingo, cuando se conocieron los resultados, por eso quiero hacer ahora un llamamiento a la confianza. Desde el PP se ha sembrado durante meses catastrofismo, miedo, ruina, y parte de todo eso caló en las buenas gentes de nuestra provincia. La suerte, para nosotros, es que todo era tan exagerado y tan engañoso como la propia celebración de la derrota que escenificaron los “populares” almerienses.
En pocos sitios podía prender tanto la apelación a un supuesto desmoronamiento de la economía como aquí, pues Almería conoce bien la pobreza, la padeció en grado sumo, y conoce también, gracias a un enorme esfuerzo colectivo, la prosperidad. El discurso del PP ha ido dirigido al núcleo mismo del temor a perder lo que se ha logrado con trabajo, se basaba en mentiras y consiguió su propósito. La derrota del PP les priva de apuntarse el tanto de ver cómo el país retoma el buen ritmo de crecimiento. No hay, actualmente, ninguna razón para la alarma: España está en mejores condiciones que otros países desarrollados para hacer frente a una desaceleración económica que tiene alcance internacional; el sector inmobiliario no se ha desplomado de la nochea la mañana, como se temía en tiempos del gobierno Aznar, sino que está experimentado un lógico y tranquilo aterrizaje en la normalidad, con lo cual el conjunto de la sociedad no experimentará mayores zozobras.
El otro desasosiego que el PP ha extendido por la provincia no sólo es injusto e infundado: es sobre todo peligroso. La inmigración, en contra de lo predicado por la derecha, está controlada. El PP ha apelado a una evidencia: hay muchos inmigrantes en Almería; pero también ha esparcido una insidia: hay motivos para recelar de ellos. Sé de almerienses cuya buena fe, lamentablemente, ha sido manipulada, y viven atemorizados “por lo que puedan llegar a hacernos los inmigrantes”. Es algo desolador. No encuentro palabras para definir a quienes se trabajan ese argumento político, pues al final una parte de los ciudadanos se olvida de que Almería es un ejemplo de convivencia entre gentes de toda procedencia, de que no existen conflictos, de que la integración, en rasgos generales, se está llevando a cabo de manera totalmente normal, y de que, en cualquier caso, el crecimiento de la población inmigrante está directamente relacionado con la necesidad de mano de obra.
Dicho esto, permítanme cierto comentario: a juzgar por la euforia desmesurada exhibida por los representantes del PP de Almería, y teniendo en cuenta que ni Mariano Rajoy será presidente del Gobierno de España ni Javier Arenas lo será del de Andalucía, que era de lo que se trataba, cabe preguntarse: ¿a qué elecciones se han presentado los “populares” almerienses? Van a pasarse otros cuatro años en la oposición, y su partido, según todos los analistas -incluidos los de su cuerda ideológica-, se queda, tras la derrota del 9-M, envuelto en la incertidumbre y a las mismas puertas de una crisis interna; sin embargo, al PP de Almería todo esto ni le va ni le viene: ellos son felices. Pero felices-felices. Si el señor Amat y compañía leyeran las cosas que del PP están escribiendo los periódicos más afines al PP se les helaría la sonrisa en la cara, porque todo parece indicar que se acercan tiempos más bien complicados para la derecha española. Naturalmente, no seré yo quien les amargue la fiesta. Reírse es muy sano, continúen. Nosotros seguiremos gobernando, si no les molesta; y Almería se beneficiará de ello.
