Miguel Martin, periodista. teleprensa.es
Lo confieso, he sentido miedo, un pavor profundo y frío que ha recorrido mi columna, hasta llegar a mi cerebro. El helor, aún ahora, cuando ya han pasado unas cuantas horas, sigue ahí, y no tiene deseos de marcharse, tal vez porque no sea lógico que desaparezca; cuando miras al abismo… Bueno, ya saben lo que pasa. Y su mirada es mucho más poderosa.
Pero como les decía, miedo, temor, un terror que atenaza mi cuerpo. Porque puedo ser como ellos. Porque no estoy libre de pecado. Porque ninguno sabe de lo que será capaz. Y la pasada tarde, lo prometo, no pensaba que volvería a repetirse algo tan cruel. Y mucho menos, con un final como el que ha tenido.
Otro bebé abandonado.
Pero esta vez, no ha tenido una segunda oportunidad.
La primera vez que escribí en un artículo sobre estos abandonos, algunos tal vez lo recuerden, el tono que utilicé era mucho más agresivo, me permitía el lujo hasta de insultar a la persona que lo abandonó. Esta vez no. Miren, no tengo el ánimo para enfadarme, cuando todavía intento comprender como es posible que tres niños hayan sido abandonados en nuestra provincia.
¿Qué lleva a una madre, a un padre – a quien sea – a abandonar a su hijo? ¿De esta manera? De acuerdo, soy corto de miras, no llegaré a comprender nunca la totalidad de la psique humana; tal vez no sea menos cierto que no conozco las circunstancias personales de cada individuo en concreto, ni lo cruel o dura que ha podido ser la vida con ellos…
Pero ¿dejar a tu hijo para que muera solo, abandonado, llorando…?
Vuelvo a decirlo, me aterroriza el acto cometido, pero más lo hace el no saberme libre de pecado. Si esta persona, hombre, mujer, progenitor, familiar, amigo, ha podido hacerlo ¿qué me impide ser el siguiente? ¿Qué impide que cualquiera lo sea?
No sé que falla en nuestro mundo, de verdad que no; pero sí que parece cierto que alguna pieza no acaba de encajar en su sitio, que el segundero avanza y retrocede cuando no debe.
Dios sabe que nos vanagloriamos de ser seres racionales, que presumimos de cuidar a los nuestros, como pocos seres pertenecientes al reino animal lo hacen. Algunos de estos animales, cuando creen no poder cuidar de sus crías las matan. Pero ellos no tienen alternativa, NOSOTROS, SÍ.
Seguro que en los siguientes días, al menos hasta que se encuentre a los padres, habrá todo tipo de declaraciones, de condenas o de atenuantes. Ya ha pasado antes. En Almería, en lo que va de año, dos veces más. Entonces, por suerte, los niños vivieron.
Y es que, no lo saben bien, con todo lo repugnante que sería, me hubiese encantado, sabiendo lo que sé, que el 112 hubiese informado de “aparece un bebé abandonado”, y que poco a poco saliese eso de “no se teme por su salud, sólo tiene una pequeña hipotermia”. Ojala, visto lo visto, hubiese sido así.
Pero, lo único cierto, es que no llega el mensaje. Miren, llevo en esto poco tiempo, pero es que en menos de medio año que llevo en este periódico, ya he visto tres abandonos de niños recién nacidos, con horas de vida. No quiero pensar que esto sea lo normal, lo que nos espera cada día.
Volvamos al mensaje. Como decía, la gente no se ha enterado. Y no porque algunos, como nuestro delegado de Igualdad, Luis López, no lo hayan pregonado a los cuatro vientos, siempre, y en estos momentos más: Hay alternativas. Vivimos en el tiempo que vivimos, con todo lo bueno y lo malo que conlleva; entre lo bueno, se encuentra la posibilidad de dar la tutela de tu hijo, si no te es posible, por cualquier motivo, hacerte cargo de él, como el mismo López dice, sin más explicaciones, de forma anónima.
Entonces ¿de qué sirve todo eso ante casos como el de ayer? Parece que el viento se lleva las palabras.
Espero no tener que escribir otro artículo sobre este tema. Espero no volver a sentir este frío, esta impotencia al saberme tan pequeño, tan débil, ante lo que el ser humano puede llegar a ser.
