La mala educación
Luis Pérez Montoya, portavoz del equipo de gobierno de la Diputación de Almería
Los hombres y mujeres de mi generación nos criamos al calor de la mesa de camilla, entreteniendo el vaso de colacao con las sabias lecciones del monstruo de las galletas, las simpáticas discusiones de Epi y Blas o la sagacidad de Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo.
Aquellas tardes nos sirvieron para aprender la diferencia entre alto y bajo, lejos y cerca, grande y pequeño pero nunca se nos dijo nada sobre nociones como feo y bonito. No tuvo que pasar mucho tiempo para que comprendiera que conceptos de ese tipo son de inútil explicación, pues asegurar que algo que es feo depende sólo del criterio exclusivo y personal de quien lo considere. Por eso, me da la risa cuando escucho a una persona adulta basar su criterio en cuestiones tan subjetivas como la belleza o la fealdad.
Escuchar al alcalde de Almería asegurar, categórico, que el próximo año la ciudad presentará su oferta turística en FITUR en solitario, basándose en el hecho de que el stand de la provincia “es feo”, sería de risa si no fuera de miedo, ya que esas palabras no proceden de un patio de colegio, sino que han sido pronunciadas por la persona que rige los designios de la ciudad, con capacidad de decisión sobre asuntos de tremenda importancia para todos nosotros.
Me hubiera gustado escuchar razones de peso que justificaran la huida de Almería del stand de la provincia, como la necesidad de hacer una oferta diferenciada, la potencialidad de la capital como referente para un turismo cultural y de patrimonio, el deseo de impulsar Almería como destino único alejado de la oferta de sol y playa. Pero no. El alcalde se va, saca la ciudad de un paquete turístico potente y unificado, porque el stand no le gusta y, como un niño maleducado, aprovecha para decírtelo cuando hay visita: en mitad de una feria internacional del turismo, ante los periodistas desplazados a FITUR, en mitad del stand, en una conferencia de prensa, para que todo el mundo sepa cual es su verdadero talante.
Y no ha sido sólo esa la escenita que nos ha montado el señor Comendador en la feria. El alcalde de Almería tuvo a bien presentarse al acto organizado por la Diputación para dar la bienvenida a los expositores y autoridades desplazados a Madrid, tarde, regalándonos la imagen imborrable de un niño grande de pie en un rincón de la sala, cruzado de brazos, con cara de enojo, esperando a que alguien le devolviera su silla. Por cierto, ninguno de sus compañeros del Partido Popular hizo ni el más mínimo gesto para ceder su asiento al alcalde.
Pero no contento con eso, por la noche, en el acto de entrega del Escudo de Oro de la provincia a los almerienses que han destacado en el mundo por el cariño y el esmero que han puesto en dar a conocer Almería, el alcalde no apareció.
Desconozco si la infancia de este señor ha tenido mucho que ver con la de la inmensa mayoría de los ciudadanos que hoy poblamos esta provincia, pero por su manera de proceder, probablemente tuvo poco de Barrio Sésamo y mucho de Barrio de Salamanca.