jueves. 04.06.2026

Amenazas

José Añez Sánchez. Secretario General del Partido de Almería (PAL)

Desde hace unos días me pregunto ¿debo o no hablar de las amenazas que hemos recibido? Se trata de advertencias anónimas, -lo normal del cobarde-, hacia una persona que representa la ilusión de muchos almerienses. No hubiese sido tomado en cuenta si en el saco no hubiesen metido a la familia, algo que ya sobrepasa todo lo asumible y que en mi opinión tiene muy poca diferencia con una acción terrorista de ETA o cualquier otro.

De forma paralela también se nos injuria y amenaza en unos escritos anónimos a otros miembros de este partido, claro, en una determinada zona de esta provincia. Todo esto sucede a pocos meses de las elecciones autonómicas y como no soy muy dado a callarme, les voy a explicar la relación que tienen a mí entender unas y otras.

Está claro que somos un partido incómodo, que hemos generado en los almerienses una nueva esperanza, un camino distinto al que proponen los grandes partidos, lejos de los intereses de ciertas corporaciones y con resultados palpables en la gestión allí donde estamos gobernando.

Somos, para algunos, la china de un zapato que no salta con una simple sacudida. Que ha producido una convulsión política en nuestra provincia. Por ello es probable que desde determinado sector entiendan que hay que acabar con todo lo que huela a PAL. No nos coge de sorpresa, estábamos avisados que estas practicas canallescas suelen suceder. Máxime cuando no es la primera vez que las sufrimos.

Unos esperan a que metamos la pata y no reparan en medios para poner trampas en las que hacernos picar. Otros nos miran con expectación, marcando un tiempo que yo llamo de purgatorio, para ver si somos capaces de aguantar la presión y así decidir si nos dan su confianza. Pero una gran mayoría mantienen que es el momento para que Almería tenga su propia voz. Y claro, somos de Almería y por ende orgullosos y predispuestos a seguir trabajando con toda nuestra fuerzas por esta tierra. Ahí es donde duele, que además de hacerlo bien, los ciudadanos se identifican con este modelo político municipalista.

La situación está llegando a tal punto de perplejidad que la cosa se pone fea para quienes si no son autores materiales de las amenazas, son “autores intelectuales”, -término muy de moda en esto del terrorismo-, porque quien toma el camino del delito copia envalentonado los comportamientos de otros que utilizan tácticas mucho más sutiles. Es decir, algo así como tirar la piedra y esconder la mano.

¿Les parece duro lo que digo? A mi no. Lo duro es tener que explicarle a tu familia otra vez, nuevamente, que estás y están bajo la amenaza de seres anónimos. Que entiendes que no debe pasar nada, que sólo son eso: amenazas, injurias, tácticas barriobajeras. Pero los desvelos, las constantes llamadas a tu entorno más cercano, los consejos para que miren siempre alrededor, que no confíen en extraños, que a la más mínima sospecha acudan sin vergüenza al refugio de un policía y le expliquen la situación. Esas y todas medidas de precaución que les cuentas, mientras se te hace un nudo en el estómago culpándote a ti mismo de la situación en la que les has metido, -y encima por algo que entiendes que haces en bien de la comunidad-, eso es lo duro. Eso es durísimo.

Sí. Creo que la respuesta a la pregunta que me planteaba al principio de esta columna es que sí, que debo hablar de las amenazas, abogar por el juego limpio y desterrar de cualquier escenario a quienes actuando como delincuentes, busquen atajos para conseguir sus objetivos.

Deleznable y cobarde, y por ello sólo les digo una cosa a los promotores de esos ataques: No nos van a callar, ni nos van apartar del camino que hemos emprendido. No es la primera vez que lo hacen y tan sólo han conseguido daño personal y familiar pero confiamos en que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sepan corregir a tiempo. Pero sobre todo confiamos en nosotros mismos y en lo que hacemos y representamos, porque estamos convencidos de que es lo correcto.

Las amenazas ni nos callarán ni nos frenarán. Tampoco nos envalentonan, pero ni mucho menos nos desaniman. Estas amenazas son tan amplias como irrealizables ¿saben por qué? Somos más de veinte mil. Y creemos que es imposible acabar con tantos que caminamos en la misma dirección.

Amenazas
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