jueves. 04.06.2026

Salmos contra balas

Concha Casas. Escritora

Si me tuviera que quedar con alguna de las imágenes que estos últimos días nos han ofrecido los medios de comunicación, este sería sin duda alguna la de los monjes budistas que están protagonizando la que ya ha sido bautizada como la revolución azafrán.

La lucha de los pueblos por conseguir lo más elemental siempre ha sido algo romántico que después todas las artes no han dudado en plasmar. Todos estos heroicos movimientos de gentes anónimas que han dado su vida por el bien general han generado por sí mismos una cultura a posteriori.

En Chile la música la puso Víctor Jara, sus canciones las entonamos todos los que en las postrimerías del franquismo queríamos también un mundo mejor. Seguramente se siguen cantando en todos esos países de habla hispana donde desgraciadamente, siguen teniendo toda su vigencia.

Es curioso como treinta años después la ropa del dictador que tanto daño causó a su pueblo, se subasta como objeto de culto. Y lo que es peor, se compra.

La figura del Che no solo transcendió fronteras, sino generaciones enteras. Todavía su gorra, incluso el poster que lo representa cuelga de muchas paredes.

Sin embargo son muy pocos los personajes que transcienden. Dictaduras hay muchas, de todos los signos y colores y salvo en Europa, en todos los continentes del mundo. Y seguramente en todas ellas hay héroes anónimos que cada día se juegan la vida para intentar conseguir un mundo mejor.

Esta nos ha llamado la atención por el cariz de sus dirigentes, son monjes budistas, los más pobres entre los pobres, ya que sobreviven con las limosnas que otros tan míseros como ellos les dan cada día depositándola en esos cuencos que se han hecho mundialmente famosos. Pero que en esta ocasión llevan boca abajo, no piden comida, sino democracia y libertad. Marchan al son de sus salmos, donde se habla de la fraternidad y de la conquista del odio a través del amor.

Curiosamente en el mundo de la globalización, la junta militar que los oprime ha incomunicado su país para poderlos masacrar sin ser vistos. Y curiosamente la comunidad internacional se queda parada porque China y Rusia han vetado cualquier tipo de sanción a ese país.

Cuando mueran todos igual nos da por cantar salmos en su honor, o vestirnos de azafrán…

Pero resulta que las balas son de verdad, las torturas también y a los muertos de poco les va a servir que en los próximos años los convirtamos en nuestros nuevos mitos. ¡Ya está bien de hipocresía señores! El momento de actuar es ahora. No necesitamos más mártires, ni ídolos con cuyas fotos adornen nuestras revolucionarias paredes, sino justicia. Y si los órganos que nos gobiernan no tienen potestad para ello ¿me quiere alguien explicar para qué nos sirven?

Salmos contra balas
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