Juan Antonio Palacios Escobar
Todo poder, queridos lectores de TELEPRENSA .ES, tiene sus bufones a sueldo, los líderes son objeto del halago de mercenarios y objetivo de conversos interesados.
Decía Bacon que la bajeza más vergonzosa es la adulación. Si lo trasladamos al campo de la actuación política además de una perversión, quien así se manifiesta, aparece ante los ojos de las personas decentes como mezquinos, ruines y ridículos.
Son simple y llanamente amorales, que ofrecen sus servicios al mejor postor, a quienes mejor les paguen, y a cambio de ello, hasta que llegue otro que ocupe la poltrona, son aparentemente sumisos y obedientes, y prestan su voz para halagar al amo y dueño de la bolsa.
La idea más sublime se convierte en una estupidez si se repite mucho, y es que estos especialistas de quitar la caspa, hacer la ola y el eco son vomitivos. Estos desalmados y sinvergüenzas jamás dirán lo que piensan, nunca pensarán lo que dicen y en ningún momento cumplirán lo que prometen.
Resulta patético observar a algunos de estos sujetos, argumentando las excelencias de una independencia de la que carecen, intentando dar lecciones de una ética que no han conocido, añadiendo a su historial de mercaderes, la torpeza de una dialéctica que deja traslucir la vulgaridad de su saber y su querer.
Estos parásitos de la política, aspiran en su permanente ejercicio de la mentira, abusar de la buena fe de los demás y adoptan en cada momento el fundamentalismo de los nuevos conversos, que hoy defienden con un ardor inusitado lo que ayer combatían con el mayor radicalismo, ayer eran de ultraderecha y hoy pretenden convencernos que son todo lo contrario.
Se convierten en acompañantes de su señor y se rodean de los más inútiles, pero siempre están corriendo hacia los otros, intentando venderles favores que nunca han hecho. Son por condición y vocación traidores a cualquiera y desleales a todos, con lo que terminan envueltos en la más cruel de las soledades, como la araña en su propia tela.
Quienes sustentan y alimentan a estos personajes, son igual que ellos, y nada puede justificar la actuación de aquellos cuyos únicos ideales son venderse a cambio de lo que sea y a partir de entonces, el dueño podrá disponer de lisonjas, alabanzas e inciensos ,pero deberá redoblar su guardia, porque también habrá comenzado a fraguarse la próxima felonía.
A estos adulteradores del sistema democrático, no se les debe ni se les puede dar cobijo en ninguna organización política, porque es como tener el enemigo en casa, son malas compañías que no tienen ninguna credibilidad y en su hambre de poder y permanecer, recurren a todo tipo de trampas y artimañas.
Son manipuladores de personas y situaciones, conocedores de la psicología individual y colectiva, que saben y utilizan aquello de que los sentimientos acompañan y las pasiones arrastran. No les importa ni las ideas ni los ideales, solo saben de intereses y rendimientos.
Es hora de quitarles la careta a estos hipocritones de tres al cuarto, y creo que todas las personas honradas estamos obligadas a denunciar a estos siniestros personajes que no sólo se desprestigian a si mismos, sino que rebajan a los límites de la indignidad la condición de ser político.
Estos individuos nos recuerdan, lo que decía Quevedo:” Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y la honra”.
