jueves. 04.06.2026

Acisclo Intrigante

Juan Antonio Palacios Escobar

Se movía como pez en el agua entre la falsedad y la ignominia. Por su actitud y conducta deshonrosa había perdido el respeto de los demás. Era como su propio apellido Intrigante, y procuraba envolver a sus interlocutores en una tela de araña, que conforme  avanzaba  la conversación iba del atracón al atascón, en un verbo farragoso e incomprensible.

Aunque se vendía bien y en la mayoría de las ocasiones sabía explicarse con mucho acierto,  era un manipulador e insidioso para utilizar como argumentos todos sus deseos por muy viles y miserables que fueran, presentando los datos de forma cocinada y sesgada para conseguir sus objetivos.

Era de esos especialistas en montar barullo y ruido social, con la intención de apabullarnos, atolondrarnos o despistarnos. Aparentemente  lo tenía todo para ser feliz, pero siempre andaba quejándose de cuan desafortunado se sentía  y se empeñaba en hacer de  su vida un incómodo calvario.

A pesar de sus años, acababa de cumplir los cincuenta y uno, no ponía claridad en sus ideas, no empujaba su ánimo hacia actitudes positivas, y no había sido capaz de disfrutar de sus pequeños éxitos, ya que intrigar le nublaba la razón y le anestesiaba el corazón. 

Acisclo pretendía comprar el futuro sin ser dueño de su presente., intentaba aparecer como generoso cuando se comportaba como un miserable, tener una estrella a la vista cuando era incapaz de ver más allá de sus narices, ser renovador cuando llevaba toda la vida haciendo lo mismo.

Tiempos revueltos y mil caras, disfrazando las palabras y maquillando nuestros rostros, dando pasos en falso, sin sentido de la medida, entre cansancios y debilidades, encadenando malestares y aprendiendo de los reveses que la vida nos da.           

Su manera de comportarse daba lugar a habladurías y a provocar fricciones que generaban malestar, Se mostraba irónico y despreciativo, petulante, arrogante, pedante y soberbio. Sus reacciones eran bastante airadas, entre fantasías y delirios.

En algunas ocasiones, se le atragantaban las palabras y sacaba falsas conclusiones que solo existían en su cabeza. Siempre en pie de guerra, más pendiente de mantener el conflicto que de llegar a acuerdos, quizás porque fuera del mismo, no sabría qué hacer.

Intrigante no estaba dispuesto a creer en todo lo que le contaran, pero también tenía claro que suponía un verdadero martirio pasarse la vida sin confiar en nada ni en nadie, porque eso le situaba en medio de ninguna parte, con soledades de alegría y caravanas de tristeza.

La vida de nuestro personaje estaba más llena de censuras que de libertades, de culpas que de perdones, de ausencias que de presencias, de ocultamientos que de claridades, de tempestades que de calmas, de vendavales que de vientos, de puñetazos que de besos.

Tal vez, Acisclo descubriera con el tiempo que debía dibujar sus presagios con palabras distintas, como si fueran regalos que nos hacen con trazos suaves pero con una gran intensidad, con la pasión de nuestras emociones y la razón de nuestros pensamientos.

Había dejado la puerta abierta a la imaginación  con la intención de cambiar, sin follones ni fulaneos, y transformando espacios y tiempos, para desprenderse de los malos humores y de los hábitos nocivos.

Acisclo Intrigante
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