Abajo el multiculturalismo

José Carlos Cabrera Medina, Arabista y Mediador intercultural

El fin del multiculturalismo nace en un discurso que pronunció Angela Merkel en el año 2010, esa misma señora que ha dominado los designios en los últimos años de nuestra economía (de οiκος (oikos), casa, y νόμος (nomos), ley), y por tanto, la que ha estado imponiendo la ley en la casa, en esa casa común que llamamos Europa.

Sin embargo un lustro después, nos encontramos con una cada vez más fuerte contestación de partidos extremistas tipo Front National en Francia o el movimiento Pergida en Alemania, que basan su discurso en el odio al otro, al extraño, y por tanto también al extranjero. 

Desde el comienzo de la emigración hacia centro Europa, y después hacia los países mediterráneos, se ha buscado siempre un modelo social, para la convivencia pacífica en unos estados cada vez mas complejos y donde habitamos personas cada vez mas diferentes. Y esto que aparece como una dificultad, no hemos sabido reconducirlo hacia una Europa cada vez más rica y llena de posibilidades (y de matices). 

Así, se han buscado modelos sociales, como aquellos que promocionaban que los que vinieran, se asimilaran a las costumbres, modos y usos de la sociedad que los recepcionaba. Esa fuerza humana a bajo precio que necesitaban las industrias para levantar un orden económico concreto, y también un bienestar en esta zona del mundo, debía además hacer el esfuerzo de mimetizarse con ese nuevo entorno para ellos. Pero reconozcámoslo, ese modelo fomentaba que esas personas acabaran viviendo es unas zonas concretas de las ciudades, donde se sentían mas cómodos. Porque aunque el modelo promueva una cosa, a la gente nos cuesta mucho dejar de ser quiénes somos, y convertirnos en otro. 

Luego vino ese concepto de multiculturalismo en los años 80, donde se nos dijo que bajo ese modelo social, íbamos a poder vivir mejor, y donde pasado el tiempo, no solo se comprobó el fracaso del mismo, sino que además, aparecieron nacionalistas y extremistas, con mensajes como, Alemania se disuelve, o la emigración es el fin de Europa. Y en eso estamos ahora, simplemente porque lo desconocido, da miedo. 

Es difícil que un modelo funcione si no doy los mismos derechos y posibilidades a todas las personas, y si no funciona, es difícil dejar atrás esa clara sensación de que hay un fallo en la integración, entendido éste erróneamente, como un fallo en una sola parte de las dos en conflicto. 

Y ciertamente no es nada fácil encontrar un modelo donde todos nos sintamos cómodos. Porque nadie esta dispuesto a ceder, y esta palabra es clave para encontrar ese lugar común. Para ceder hay primero que aprender también a hacerlo, y eso pasa por la educación. No se puede apostar por un modelo concreto de sociedad, si no se está dispuesto a invertir en educación y seguramente a invertir mucho.

Después tendremos que hablar de cuales son las líneas nuevas para esa convivencia, pero ese debate lo tendremos que hacer entre todos, no solo los que tenemos derecho a votar, o como pasa en Alemania, los que pueden llegar a ser funcionarios. ¿Se acuerdan del café para todos?, pues ahora necesitamos ver si lo que necesitamos es té para todos. 

Sírvame el ejemplo de Vincenzo Pandolfi,  un señor italiano que se le ocurrió crear un templo de marquetería, común para todas las religiones, que está hoy expuesto en la Iglesia de San Ignacio de Roma, y que se llama el Ut unum sint (para ser uno). El objetivo no es que haya muchas culturas (que en nuestro país ya las hay), sino que entre todas creemos una común, una nueva. 

Abajo el multiculturalismo, bienvenida la interculturalidad.

@cabreramedina1