¿Sabes controlar tus frustraciones?

Lunes, 20 de Mayo de 2019

» Clínica Alarcón Granada

¿Sabes controlar tus frustraciones?

17 de Agosto de 2015 10:38h

Conoce cómo aprendemos a quererlo ¡TODO, YA y AHORA!

Antonio Mundo López, Licenciado en Psicología con Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamiento Psicológico, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de la intervención en trastornos emocionales
Antonio Mundo López, Licenciado en Psicología con Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamiento Psicológico, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de la intervención en trastornos emocionales

ANTONIO MUNDO LÓPEZ.- Todos conocemos a algunas personas que no son capaces de tolerar la más mínima molestia, contratiempo o demora en la satisfacción de sus deseos y que les cuesta soportar sentimientos o circunstancias desagradables. Serían esos amigos que no pueden tolerar que no quedes con ellos cuando les viene bien, familiares que no entienden que no siempre estés disponible para el arroz de los domingos o novios/as que no son capaces de gestionar que el plan de vacaciones se vea modificado. Estas personas que se mencionan anteriormente tienden a tolerar mal el hecho de estar frustrados, y convierten en algo “insoportable e inaguantable” lo que para otros puede ser simplemente un contratiempo claramente asumible.


Si analizamos esa disposición encontramos que en los niños más pequeños, esta actitud de demanda y necesidad de satisfacción inmediata puede ser considerada como un comportamiento normal. Algo que no resulta extraño si tenemos en cuenta que los deseos de los bebés están relacionados con necesidades fisiológicas básicas, como alimentarse, dormir, etc. En esta franja de edad es importante que los deseos de los niños se satisfagan de forma más o menos inmediata, porque esto les proporciona una sensación de seguridad y estabilidad que es muy importante para su desarrollo.


A medida que crecen en su desarrollo, es importante que los menores se vayan dando cuenta de que no siempre pueden tener sus deseos satisfechos de inmediato y que comiencen a aprender, a tolerar y aceptar cierta molestia o demora en la realización de sus deseos como algo inevitable y que forma parte de la vida. Serían el momento en el que deben asumir que no pueden tenerlo todo aquí y ahora, aprendizaje que puede condicionar mucho cómo se desenvuelvan en su desarrollo futuro como jóvenes primero, y como adultos posteriormente.

Es decir, es conveniente que aprendan a tolerar la frustración al mismo tiempo que van adquiriendo mayor autonomía y mayor capacidad para manejar el entorno que les rodea y contribuir por sí mismos a la satisfacción de sus deseos en vez de esperar  a que otros lo hagan por ellos. Deben entender que si quieren unas buenas vacaciones deben estudiar durante todo el curso y que si suspenden alguna asignatura no queda otra que estudiar durante el verano… Con este tipo de enseñanzas podrán aprender que hay ciertas limitaciones en ellos y en el ambiente que les rodea, así como normas, costumbres,leyes,etc.


Sin embargo, no siempre sucede así. Muchos niños siguen actuando como si todos sus deseos fuesen necesidades biológicas tan poderosas y urgentes como comer, respirar o saciar la sed. No aceptan que sus deseos no sean satisfechos de inmediato, no quieren esperar ni saben reemplazar un deseo no realizable por otro realizable, como conformarse con un juguete diferente cuando el que desean no puede ser comprado. Cuando no consiguen lo que quieren son capaces de armar un verdadero escándalo: patalean, lloran, se tiran al suelo, como un modo de exigir que sus deseos se satisfagan de inmediato. 

Estas formas de conducta no solo se ubicarían en la niñez ni en la adolescencia más temprana, sino que también se da en mayor o menor medida en los adultos,

En los adultos afectados por esta necesidad imperiosa de cumplir sus objetivos y deseos, tendríamos quienes consideran que sus propias necesidades están por encima de cualquier otra situación o persona, incluidas las leyes o las normas sociales. No soportan que las cosas no salgan como ellos quieren, cometer un error es algo terrible, fracasar inadmisible, suspender un examen es algo que no debería suceder nunca, ser rechazado, no conseguir el trabajo deseado, no lograr un ascenso, que los demás no se comporten del modo apropiado... Todas esas cosas que a las personas con adecuada tolerancia a la frustración les resultan simplemente molestas, inconvenientes o desagradables, para ellos son como verdaderas catástrofes. 

La baja tolerancia a la frustración implica una sensibilidad excesiva hacia todo lo desagradable, que funciona como una lente de aumento, magnificando el lado malo de cada situación. Lo feo es espantoso, lo malo es horrible, lo molesto es insoportable. De este modo la vida de estas personas está llena de tragedias y acontecimientos estresantes. Con frecuencia se sienten de mal humor, ansiosos, tristes, resentidos, humillados o enfadados con el mundo que debería estar ahí para satisfacer todos sus deseos. Se sienten víctimas, se quejan continuamente, culpan a los demás y al mundo. Por supuesto, esos sentimientos horribles e insoportables han de ser evitados a toda costa. Se centran más en el ahora, en eliminar ese malestar en el momento en que aparece en vez de centrarse en el bienestar que conseguirían a largo plazo si lograran tolerar la frustración.

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