La búsqueda del deseo sexual: un problema de hombres y mujeres

Lunes, 20 de Mayo de 2019

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La búsqueda del deseo sexual: un problema de hombres y mujeres

07 de Octubre de 2015 09:47h

Ana Isabel Pérez Morales. -	Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales
Ana Isabel Pérez Morales. - Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales

ANA ISABEL PÉREZ MORALES.- La falta de deseo sexual es un problema más común de lo que a las parejas les gustaría. Si no se aborda adecuadamente puede afectar a la relación, causar gran ansiedad en quien lo sufre e inseguridades en su pareja.

Al hablar de deseo sexual hipoactivo o falta de deseo, nos referimos a una disminución significativa o ausencia total de fantasías sexuales, deseos de actividad sexual, autoestimulación o cualquier tipo de interés hacia la sexualidad, provocando  malestar en la persona que lo padece o dificultades en la relación interpersonal. Para tratarlo como un problema psicosexual sería necesario que persista en el tiempo y descartar cualquier dolencia o enfermedad física que lo explique.

Uno de los mitos que se han normalizado en nuestra cultura es que, por defecto, las mujeres tienen mucho menos deseo sexual que los hombres. Realmente, no hay pruebas suficientes que sustenten que ellas tengan menor apetencia, afectando la falta de deseo tanto a hombres como a mujeres, aspecto del que es necesario recordar para no fomentar un tabú en torno a la sexualidad masculina. Bien es cierto que existe mayor número de consultas por parte de mujeres, por una cuestión social en la que la ésta aún tiene una actitud inhibida en cuanto a la expresión sexual y su comportamiento en las relaciones.

Cada persona y pareja tiene sus frecuencias y ritmos concretos de actividad sexual, donde lo más común es que ambos no deseen tener relaciones con la misma frecuencia o no del mismo modo. Por ello, que un miembro de la pareja tenga menor deseo, no significa que necesariamente, tenga un problema de bajo deseo sexual, ya que existe un amplio margen de variabilidad.

La señal más crítica para identificar una problemática de falta de deseo está en que el sexo está ausente en las preferencias y especialmente en el pensamiento, fantaseo y motivación de un modo continuado. Otros signos observables serían:

-      Disminución por el interés hacia el sexo en sus diversas dimensiones así como de la iniciativa para proponer actividades sexuales.

-      Evitación consistente a las propuestas de actividad erótica y sexual así como las situaciones en las que la pareja puede proponer un encuentro íntimo.

-      Menor frecuencia de la masturbación o autoestimulación, llegando incluso a desaparecer.

Falta de deseo y ansiedad, una mezcla problemática.

La falta de deseo en un miembro de la pareja puede suponer un conflicto. La dinámica que se establece instaura estado de ansiedad y frustración. La persona desmotivada con el sexo, se siente culpable por no desear y anticipa con ansiedad las peticiones y exigencias de su pareja, interpretando los acercamientos de ésta como un peligro. Para el miembro de la pareja que tiene ganas, supone una frustración recibir de modo habitual un no, que interpreta como un rechazo personal, generando inseguridades respecto a su capacidad de generar deseo en su pareja, sobre su cuerpo o sobre el mantenimiento de la relación. En este punto es muy fácil entrar en un círculo vicioso que contribuye a un distanciamiento afectivo y que suele agravarse con la falta de comunicación.

Las relaciones sexuales ejecutadas por compromiso o por miedo a perder a la pareja influyen negativamente en el deseo. Para que la experiencia sexual sea positiva y queden ganas de repetir, debe ser deseada y recordada con agrado. La clave es considerar que la aparición del deseo es incompatible con sentimientos de ansiedad, obligación o miedo.

Las causas de la inapetencia sexual pueden ser biológicas o médicas, pero en la mayor parte el origen es psicológico y sociocultural, y especialmente, tienen que ver con los siguientes factores:

-Desconocimiento del funcionamiento de la respuesta sexual, del propio cuerpo y del cuerpo de la pareja, sustentado en la falta de educación sexual.

-Las expectativas poco realistas del encuentro sexual, de la propia ejecución o de la pareja.

-La rutina ataca irremediablemente a la apetencia, frecuencia e intensidad del placer. El fenómeno de la habituación a la misma pareja y mismas prácticas afecta directamente al deseo, al no darse la misma respuesta sexual a lo largo del tiempo ante los mismos estímulos.

-La ansiedad anticipatoria relacionada con tener que dar la talla, querer quedar bien o satisfacer al otro… puede bloquear la respuesta sexual natural y generar una conducta de evitación o rechazo por protegerse de emociones negativas.

-Los estados de ánimo asociados a estrés, ansiedad y depresión también se relacionan con el bajo deseo, pudiendo ser causa o efecto del mismo.

-Es necesario considerar las experiencias sexuales previas de cada persona, especialmente si no han sido agradables por excesiva presión por parte de la pareja, sentimientos de culpa, normas morales prohibitivas, miedo a embarazo o ETS, conflictos con mensajes socializantes o poca educación sexual.

- Las influencias culturales y sociales, como una educación represiva, la influencia de modelos sexuales excesivamente autoritarios o excesivamente expansivos, estereotipos de género…

- Una comunicación inadecuada, la práctica de técnicas que producen desagrado, asco y la falta de asertividad sexual para expresarse libremente y poner límites puede minar la propia relación y no sólo en el ámbito sexual.

¿Qué se puede hacer ante este problema?

-Asumir que es un problema de ambos donde es imprescindible la implicación de la pareja, no sólo de la persona que padece la falta de deseo.

-Esforzarse por generar innovación, novedad, fantaseo con objeto de erotizar el cerebro y provocar deseo.

-Buscar qué desea realmente cada uno y proponérselo a su pareja, mejorando la comunicación y la asertividad.

-Practicar el autoerotismo y la autoestimulación como un valor erótico y una modalidad más.

-Mejorar la química con la pareja en áreas que quedan poco cuidadas como son el ocio, el cortejo, la confianza, el compartir tiempo de calidad sin presión de tener que comenzar una relación.

-Si persiste el problema o causa excesivo malestar, consultar a un especialista.

 

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