Efectos de la crisis en nuestro bienestar psicológico

Lunes, 20 de Mayo de 2019

» Clínica Alarcón Granada

Efectos de la crisis en nuestro bienestar psicológico

30 de Octubre de 2015 18:52h

Maria José Higueras Martínez, Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales en población juvenil, adulta
Maria José Higueras Martínez, Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales en población juvenil, adulta

MARÍA JOSÉ HIGUERAS MARTÍNEZ.- La crisis es un tema recurrente en los últimos tiempos. A diario estamos expuestos, tanto en nuestro entorno más cercano como a través de los distintos medios de comunicación, a diferentes noticas referentes al impacto de la crisis económica y sus consecuencias: empresas que quiebran,  familias que no llegan a fin de mes, amigos que pasan a engrosar las cifras del paro, personas que no pueden hacer frente a sus hipotecas y se ven abocadas al desahucio… Todo ello conlleva no solo una cuestión económica, sino que  tiene una serie de implicaciones personales y psicosociales no menos importantes. De este modo, está demostrado que las circunstancias socioeconómicas en las que el individuo ha de desenvolverse influyen sobre su bienestar subjetivo, su calidad de vida, su salud en general y, mental en particular.

Desde nuestra profesión, hemos observado como en los últimos meses asistimos a un mayor aumento de consultas psicológicas relacionadas con problemas de ansiedad, depresión y abuso de alcohol ligados a problemas económicos y/o laborales. Y es que, en nuestra sociedad, la economía media en la consecución de muchos de nuestros objetivos e ilusiones y, por tanto, en nuestra satisfacción vital.

Desde consulta hemos podido observar como los principales factores por los que nos  aflige la crisis son:

  1. 1.     Ruptura de expectativas.

Muchos de nosotros fuimos educados bajo la premisa de que si estudiábamos y éramos “aplicados”, la vida recompensaría nuestro esfuerzo y tendríamos un lugar en el mercado laboral. Nada más lejos de la realidad, nos encontramos en un momento en el que “aquello que esperábamos obtener, ese trabajo tan deseado después de años de esfuerzo, no llega y, por extensión, todo lo que podríamos conseguir a partir de ese puesto”. Esta baja expectativa genera un fuerte sentimiento de decepción que repercute negativamente sobre nuestra autoestima.

 

  1. 2.     Falta de recursos para cubrir nuestros gastos.

En una sociedad consumista como la nuestra, donde se nos bombardea constantemente con mensajes dirigidos a que consumamos determinados productos para ser más felices (el último móvil, las últimas tendencias de moda, productos de belleza, lo último en tecnología,…) es muy fácil frustrarse ante la imposibilidad de conseguir aquello que “nos haría felices”.

La pérdida de trabajo no sólo supone una clara disminución de ingresos económicos, sino que  además implica otra serie de cambios como son la pérdida de una de las principales fuentes de reforzadores y de autoestima. Es muy frecuente escuchar a gente decir que ha dejado de realizar determinado ocio porque estaba ligado a un gasto económico que, en la situación actual, no puede permitirse (gimnasio, cine, clubs,..) y que, efectivamente, se encuentra más insatisfecho.

Este estado se ve agravado cuando la situación es más dramática, esto es, cuando la economía no llega a cubrir los gastos mínimos mensuales que son incuestionables (alimentación, alquiler, hipoteca, gastos del colegio de los niños,…).

Esta nueva realidad, ha generado cambios en diferentes ámbitos de nuestras vidas. De este modo, han aparecido nuevas obligaciones, cambios de roles o estilos de vida, alteración en las relaciones de pareja, cambios de horarios o incluso de casa,…que nos obligan a adaptarnos a una situación no deseada que en  muchas ocasiones nos “supera”. Algunos de los síntomas más frecuentes derivados esta nueva realidad son:

-       Insomnio

La preocupación por la pérdida del empleo, la no consecución de uno nuevo o el miedo a perder el que se tiene genera consecuencias negativas sobre nuestra calidad del sueño. De este modo, es muy habitual comenzar a dormir menos, tener un sueño menos reparador y encontrarse más cansado a lo largo del día. Todo ello, repercute sobre nuestro humor, de modo que comenzamos a encontrarnos otros síntomas como son una mayor irascibilidad o irritabilidad.

-       Mal humor/Irascibilidad

Es uno de los síntomas más frecuentes. Esta nueva realidad, genera que estemos expuestos a una serie de presiones y exigencias  cotidianas que, en muchas ocasiones, no podemos cubrir. Ello, unido a la incertidumbre de no saber cuándo cambiarán las cosas, puede llegar a “desbordarnos” y sensibilizarnos de tal modo que respondamos de forma irritable ante cualquier mínimo contratiempo. 

Entendemos la irritabilidad como una disposición a reaccionar de forma automática, rápida, excesiva y malhumorada ante un estímulo determinado. Este estilo de respuesta suele generarnos otra serie de problemas pues nos lleva a “disparar primero y preguntar después”, propiciando una reacción negativa en el otro, quién detecta nuestro resentimiento, frustración y rabia. Esta actitud es especialmente perniciosa en las relaciones de pareja donde el compartir un mayor tiempo de convivencia, asumiendo nuevos o diferentes roles, sumado a las presiones económicas, puede generar problemas donde antes no los había.

-       Frustración

Malestar que sentimos cuando no logramos lo que esperábamos.

Así, es normal que  personas que se encuentran en un periodo largo de desempleo tras una  búsqueda activa del mismo se encuentren frustradas por su no consecución.

Este malestar se puede vivenciar en diferentes estados emocionales tales como:

-       Rabia. Esta emoción se produce como una respuesta intensa y defensiva frente a la creencia de que “se está cometiendo una injusticia con nosotros por no tener la oportunidad de trabajar”.

 

-       Indefensión. Podemos definirla como un estado de “parálisis” que se produce frente al sentimiento de desesperanza que sentimos cuando tenemos la sensación de no contar con los recursos necesarios para superar una situación. El convencimiento de  no ser capaz de conseguir sus objetivos, en este caso, la consecución de un empleo, nos lleva a dejar de buscarlo bajo la creencia de  “para qué…si no sirve de nada….” Este estado depresivo se ve mantenido por una pérdida de reforzadores.

 

A continuación os ofrecemos algunos consejos que os pueden ayuda a mitigar los efectos negativos de la crisis:

 

-       Sé realista: evalúa la situación racionalmente y evita caer en exageraciones y catastrofizaciones que no nos ayudan en nada.

-       Evalúa otros recursos de los que dispones en tu vida (amigos, salud, experiencia, edad, formación,…) para no perder la perspectiva y olvidarte de todo aquello que conservas.

-       Busca opciones que minimicen el impacto económico: actividades gratuitas, ahorro en lo superficial, ocio alternativo, deporte,…Aunque suele ser  un cambio que a muchas personas les cuesta realizar, una vez lo llevan a cabo puede suponer un ahorro importante. Es fundamental adaptarse a la situación con la mayor naturalidad posible, sin caer en victimismos.

-       Relaciónate: el apoyo de familia y amigos es muy saludable, ayuda a ver la situación desde otros puntos de vista y proporciona comprensión y soporte emocional.

-       Duerme lo suficiente, come bien y haz deporte.

Para más información:

Web Centro de Psicología Clínica Alarcón: www.alarconpsicologos.com

Nuestras redes sociales:

facebook: https://www.facebook.com/cpca.psicologos

twitter: https://twitter.com/CPCAgranada

linkedin: https://es.linkedin.com/pub/centro-psicología-clínica-alarcón/66/7aa/38

Noticias relacionadas
Comentarios
blog comments powered by Disqus
Videos