Cuando la hipocondría se convierte en un problema psicológico

Lunes, 20 de Mayo de 2019

Cuando la hipocondría se convierte en un problema psicológico

16 de Agosto de 2015 10:39h

Maria José Higueras Martínez, Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales en población juvenil, adulta
Maria José Higueras Martínez, Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales en población juvenil, adulta

MARÍA JOSÉ HIGUERAS MARTÍNEZ.- La preocupación por la salud y el bienestar son un aspecto fundamental del instinto de supervivencia.

El miedo a la muerte y a las circunstancias que constituyen  una amenaza a la propia supervivencia es un temor vinculado a la condición humana. Sin embargo,  algunas personas se preocupan por su salud de forma excesiva y, ante el más leve cambio físico  que detectan en su organismo  comienzan a pensar que “algo no marcha bien”. Esto es resultado, entre otras cosas, de una imposibilidad o dificultad para tolerar la incertidumbre que supone vivir (nadie nos puede asegurar al 100% que estamos sanos) lo que les conduce a perseguir  respuestas que les descarte problemas médicos constantemente.

La prevalencia de este trastorno es baja, oscila aproximadamente entre el 3 y 13 % de la población y, parece que afecta por igual a hombres y mujeres. Sin embargo, sí parece que las mujeres acuden con mayor asiduidad  que los hombres a las consultas médicas.

La hipocondría puede iniciarse a cualquier edad, a pesar de ello, lo más frecuente es que se manifieste  durante los primeros años de la edad adulta.

Las actitudes hipocondriacas suelen presentarse acompañadas de otra sintomatología que incrementa el malestar con el que se vive esta problemática. De este modo, es frecuente que la persona manifieste síntomas depresivos, ansiosos, mayor irascibilidad y problemas de somatización.

En cuanto a su evolución, si bien es cierto que la  hipocondría suele tener un curso crónico, se produce un descenso importante del nivel de intensidad  o frecuencia de los episodios de preocupación cuando la persona se somete a tratamiento psicológico.

¿Qué hace que una persona padezca este problema?

Aunque hay numerosas variables a las que debemos atender a la hora de entender esta problemática, tanto desde el punto de vista biológico, psicológico, cultural o del aprendizaje (experiencias previas propias o conocidas), nos centraremos en un aspecto central desde el punto de vista psicológico, las variables cognitivas:  los sesgos atencionales e interpretativos:

-        Sesgos atencionales: las personas hipocondríacas muestran una atención selectiva  a la hora de procesar aspectos que consideran amenazantes para la salud. Posiblemente, todos hemos podido comprobar en alguna ocasión, que si dirigimos nuestra atención hacia las sensaciones físicas de nuestro cuerpo, somos mucho más conscientes de cualquier cambio y los percibimos con mayor intensidad que si no prestamos atención a ello.

-        Sesgos interpretativos: tendencia a atribuir un significado negativo a aquellos acontecimientos que son inciertos. De este modo, lo hipocondríacos se caracterizan  por una propensión a interpretar  las sensaciones corporales como indicadores de enfermedad física y/o mental grave.

Por otro lado, son frecuentes las conductas de tipo compulsivo como la observación  y comprobación continua del estado corporal y la búsqueda constante  de información que calme sus miedos, lo que se convierte en un mantenedor de los síntomas a medio y largo plazo.

La paradoja de las personas hipocondríacas es que están tan preocupadas por enfermar que finalmente enferman de preocupación. Pueden llegar a cometer verdaderos atentados contra su salud, sometiéndose, en muchas ocasiones a constantes pruebas médicas, intervenciones quirúrgicas, ingesta de fármacos…, en búsqueda de una respuesta que explique la sintomatología experimentada en ese momento. Tras acudir al médico y descartar la enfermedad la persona que sufre de hipocondría se tranquiliza y vuelve a casa, sin embargo, este estado dura pocos días, hasta que detecta nuevos síntomas o la persistencia de los mismos, momento en el que se activan nuevamente los miedos experimentados al respecto.

El nivel de sufrimiento padecido es tal, que la persona puede verse gravemente afectada hasta el punto de interferir seriamente en su calidad de vida, tanto  sobre su salud física, psicológica/emocional y social, dadas las repercusiones que pueden tener sus síntomas sobre su entorno más cercano (familia, amigos, trabajo,…). Por todo ello, recomendamos que ante estos síntomas se consulte con un profesional de la psicología con objeto de no cronificar un estado ya de por sí desadaptativo e incapacitante en muchos casos.

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