Compradores compulsivos: un problema de dependencia psicológica

Lunes, 20 de Mayo de 2019

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Compradores compulsivos: un problema de dependencia psicológica

04 de Diciembre de 2015 17:55h

Ana Isabel Pérez Morales. -	Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales
Ana Isabel Pérez Morales. - Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales

ANA ISABEL PÉREZ MORALES.- Black friday, compras navideñas, rebajas de Enero… un filón para las tiendas, un problema para los adictos a las compras. Llega una época en la que los compradores compulsivos pasan desapercibidos con facilidad. El síndrome de la compra compulsiva se camufla en fechas en las que normalizamos hacer compras un poco más expansivas o querer aprovechar una oportunidad de ahorro.

La adicción a las compras está encuadrada dentro de lo que conocemos como “adicciones sin drogas”. A todos nos gusta salir de tiendas, darnos un capricho y estrenar artículos nuevos. Puede ser un “premio”, que a veces es necesario hacerse a uno mismo como una forma de autocuidado y que también está asociado a un contexto social agradable, por ejemplo, salir de compras con la familia, pareja o amigas…

Sin embargo, cuando hablamos de compras compulsivas nos referimos a un verdadero problema de control de impulsos. Es una necesidad incontrolable de adquirir cosas materiales de modo sistemático y frecuente, como un medio de aplacar emociones desagradables, tales como ansiedad, tristeza, vacio, rabia, soledad, enfado… En casos graves, la persona llega a comprarse cosas inútiles y gasta más de lo que puede permitirse, llegando incluso a endeudarse. El acto de comprar genera en la persona una satisfacción inmediata, con la que consigue eliminar el malestar a corto plazo, generando una vía de escape al malestar que no sabe gestionar de otra manera.

Entonces, ¿es una adicción? Técnicamente, la respuesta es sí. Consideramos una adicción cuando encontramos: tolerancia (necesidad de consumir más para lograr la misma sensación de bienestar), síndrome de abstinencia (malestar cuando no se puede satisfacer el impulso) y pérdida de control (incapacidad de frenar en el consumo a pesar de querer hacerlo). La adicción a las compras se distingue especialmente de compra normal por el gasto e implicaciones económicas y por el tipo de artículos que se adquieren, pero sobre todo por síntomas a nivel interno, como son: presencia pensamientos automáticos y repetitivos que incitan a la persona a comprar, elevada ansiedad en lugares de compras, deseo de resistirse pero imposibilidad de contenerse, bienestar inmediato después de haber realizado la compra, sentimientos de culpa o arrepentimiento por el gasto realizado o por la pérdida de control.

La base del problema se sustenta en un bajo control de impulsos, una baja tolerancia a la frustración o a emociones desagradables,  autoestima basada en elementos materiales o superficiales y pensamientos irracionales que mantienen esta conducta, que aunque puede ser desadaptativa, socialmente puede pasar desapercibida o al menos, está integrada en una sociedad basada en el consumo y en la obtención del alivio inmediato ante los problemas. Así mismo, resulta difícil detectar a compradores impulsivos porque el afectado no es consciente del problema, sino que son familiares y amigos los que ven las señales de alarma.

Hasta hace poco, el perfil más típico de los afectados eran mujeres de mediana edad con un nivel medio, sin embargo, en los últimos años, el acceso a compras a través de internet y las “gangas”, está haciendo que este perfil cambie, al ser más jóvenes y cada vez más hombres los que hacen uso de este medio para las compras relacionadas especialmente con ocio. El agravante es que ni siquiera es necesario salir de casa para que se instaure esta conducta eliminando así el componente social.

Algunas claves nos pueden ayudar a detectar un problema de adicción a las compras:

-        Ante sentimientos de tristeza, depresión, enfado, nerviosismo… lo único que calma es ir de compras. Es el medio de mantener un bienestar emocional.

-        Adquisición de cosas poco útiles.

-        Acumulación de objetos, prendas o artículos que no se usan o están incluso sin estrenar.

-        El entorno atisba un problema en el hábito de comprar.

-        Precipitación a la hora de comprar.

-        La persona es consciente del gasto excesivo e innecesario pero se sorprende cuando revisa los recibos, cuentas bancarias o extractos de las tarjetas de crédito. Intenta controlar los gastos la próxima vez pero no lo consigue.

-        Es ocio está circunscrito a las compras.

-        Y lo más relevante: una vez pasado el impulso, a la persona no le gusta lo que ha comprado, sino que le gustó cómo se sentía al comprarlo.

Al igual que en otras dependencias, el tratamiento de la adicción a las compras tendrá de incluir una combinación de técnicas que den respuesta a la ansiedad y los pensamientos generados ante la tentación de comprar. Una intervención psicológica basada en  modificación de la conducta  puede lograr cambios en el estilo de vida del paciente y en el hábito de compra. Sin embargo, el paso más complejo en el cambio se basa en aceptar la existencia del problema y su funcionamiento. Es importante trabajar en el aspecto de la toma de control y afrontamiento de emociones desagradables. Las técnicas cognitivas buscarán modificar los pensamientos automáticos y creencias irracionales que agravan los estados emocionales previos a la compra compulsiva.

¿Cómo podemos generar un buen hábito de compra o evitar este problema?

-Evitar ir por los lugares típicos que fomentan la compra compulsiva (centros comerciales, grandes superficies…). Así mismo, es imprescindible no salir a comprar bajo estados emocionales elevados.

-Ir a comprar acompañado de alguna persona que ayude a poner el control, así como evitar a personas que tengan un “mal hábito de compra”, porque se convierten en incitadoras del comportamiento.

-Limitarse el gasto de modo que no pueda superarse, así como hacer una gestión exhaustiva de gasto semanal o mensual para mantener un control.

-No llevar disponible billetes “grandes” ni tarjetas de crédito o de débito. Es importante evitar las líneas de crédito personales y las promociones y ofertas que puedan llegarnos.

-Limitar las compras online, ya que la soledad y el anonimato no ayuda a ejercer el control sobre la conducta.

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