Autonomía VS control paternal: el eterno debate en las relaciones entre padres e hijos

Lunes, 20 de Mayo de 2019

Autonomía VS control paternal: el eterno debate en las relaciones entre padres e hijos

16 de Agosto de 2015 10:40h

Antonio Mundo López es Licenciado en Psicología con Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamiento Psicológico, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de la intervención en trastornos emocionales
Antonio Mundo López es Licenciado en Psicología con Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamiento Psicológico, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de la intervención en trastornos emocionales

Tras el suceso ocurrido hace unas semanas en el instituto Joan Fuster de Barcelona se ha abierto uno de los debates que tienen más arraigo en nuestra sociedad. Es el debate sobre los límites que deben establecer los padres a sus hijos adolescentes. Al respecto de este asunto son muchas las voces que hablan de la necesidad de controlar de forma más directiva el acceso de los menores a material violento procedente de series o videojuegos ya que desde muchos foros se hace ver que dicho material puede generar mayor disposición en el menor a la agresión.

Al respecto de este asunto no existe una respuesta única certera y aplicable a todos los casos. Desde la psicología se habla del concepto de estímulos facilitadores de la violencia, estos facilitadores serían todos esos estímulos que el menor puede tener a su disposición y que pueden dar lugar a que sea más probable que en un momento determinado tengan conductas tendentes a la agresividad.

En relación a esto, debemos insistir en que se deben respetar  la categorización por edades mínimas recomendadas que aparece en videojuegos, series y películas. Pero no basta con este control a dicho material, considero que más allá de los controles parentales que se apliquen en el material que consumen los adolescentes, en móviles, ordenadores y demás plataformas los padres deben tener una actitud de “observación desde la distancia” con respecto al menor de tal forma que si se empiezan a advertir en él actitudes tendentes a la violencia (agresividad orientada a las personas o dirigida a objetos), tomen una actitud más directiva en relación al material que sus hijos frecuentan.  

Los límites dados a los adolescentes deben establecerse en función de cómo el menor gestione las libertades y las indicaciones marcadas desde el hogar. Una pauta que puede ser útil y proporcionada es el ir concediendo más autonomía y concesiones a razón de cómo el menor hace uso de las normas paternas. La cuestión debe ser que el menor entienda que a medida que él  haga buen uso de su capacidad de decidir se podrá tener más confianza en él, pero si el uso que hace de esas libertades es indebido, los padres estrecharán límites y libertades. Con ello estaremos alentándolos a que aprendan a leer las consecuencias de sus actos y que dichas consecuencias marcarán muchas de las decisiones que los padres tengan frente a ellos: acceso a videojuegos, series…

En relación a esto, desde nuestro centro, otra de las recomendaciones dadas a los padres irían en la línea de animar a los padres a interactuar más y mejor con el menor aprovechando estas interacciones para (entre otras cosas) evaluar hasta qué punto el menor entiende que ese videojuego al que está jugando es sólo ficción y que diferencia perfectamente entre la realidad y la ficción vertida en ese videojuego o en su serie favorita (estar presentes mientras juegan a videojuegos, que les cuenten el contenido que ven en la serie…).

 

Por último, conviene aclarar que para valorar el efecto que tiene en el menor el consumo de material violento los padres deben prestar a atención a factores como: la capacidad de autocontrolarse que tiene el adolescente (cuando está frustado, enfadado…), sus estrategias de resolución de los problemas (si hace uso del diálogo en sus discusiones con compañeros, si es capaz de solventar sus problemas utilizando recursos no violentos), así como la forma en la que el menor de relaciona con su entorno más cercano (padres, hermanos, compañeros de clase…). Todos estos indicadores son algunos de los que consideramos que se deben de valorar a la hora de evaluar el efecto que tiene el contenido frente al que se expone el menor.

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