Acoso escolar

Lunes, 20 de Mayo de 2019

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Acoso escolar

16 de Agosto de 2015 10:37h

Maria José Higueras Martínez, Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica  en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales en población juvenil, adulta
Maria José Higueras Martínez, Licenciada en Psicología y Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamientos Psicológicos, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de las problemáticas emocionales y psicosociales en población juvenil, adulta

MARÍA JOSÉ HIGUERAS MARTÍNEZ.- Mientras que en otros tiempos, las expresiones de violencia en el aula se asociaban a ‘juegos de manos’ entre los estudiantes, en la actualidad estas manifestaciones están tomando un giro más agresivo. En España se ha experimentado un aumento en el número de casos de acoso y ciberacoso que generan graves efectos negativos en quiénes los padecen, en algunos casos con consecuencias tan dramáticascomo las que hemos podido asistido la última semana,  en la que una niña de 16 años, víctima de acoso escolar,  se ha suicidado tras no “soportar” durante más tiempo la situación en la que se encontraba.

¿Qué es el mobbing o acoso escolar? Podemos definirlo como:  “un continuado y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un niño por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con el objeto de someterle, amilanarle intimidarle, amenazarle u obtener algo mediante chantaje y que atentan contra la dignidad del niño y sus derechos fundamentales ” (Iñaki Piñuel y Zabala Araceli Oñate Cantero)

¿Qué tipo de comportamientos son entendidos como acoso escolar?

Aunque en las  situaciones de mobbing podemos encontrar actos de gran violencia, esto no suele ser lo más frecuente. Sin embargo, es mucho más común encontrar agresiones de escasa intensidad pero que se extienden a lo largo  de un prolongado periodo de tiempo, durante el cual, tanto las víctimas como los propios espectadores (familia, profesores o compañeros de clase) pueden mantener la situación  en silencio por miedo a las represalias.

-        Agresiones físicas: empujones, patadas,  destrucción de la propiedad,…Este tipo de maltrato se da con más frecuencia en la escuela primaria (primero a quinto año) que en la secundaria (enseñanza media).

-        Acoso psicológico (presente en todas las formas de maltrato). Son acciones encaminadas a disminuir la autoestima del individuo y fomentar su sensación de inseguridad y temor. Es una forma de maltrato  más sutil y difícil de identificar: humillaciones, amenazas, insultos, vejaciones,…

-        Social: pretenden aislar a la víctima del grupo y hacer partícipes de ello al resto de los compañeros que se suman al comportamiento de hostigamiento contra la víctima, este fenómeno de los grupos lo conocemos como el “chivo expiatorio”, a través del cual, la violencia encuentra una forma de canalizarse socialmente. 

-        Verbal: insultos, menosprecios en público o resaltar de forma constante un defecto físico o psíquico.

Consecuencias del acoso escolar en la víctima

Aunque exista un blanco directo sobre el que el agresor dirige sus ataques, indudablemente el mobbing afecta a todos los participantes, esto es, víctimas, agresores/as y testigos (Avilés 2003). Sin embargo, aquí nos centraremos en las consecuencias sobre la víctima que lo padece. Estas consecuencias estarán moduladas por una serie de factores como son: el tipo de acoso que se produzca, la intensidad, la duración y la persistencia del mismo.

La víctima suele ser quien padece las consecuencias más nefastas. Es frecuente encontrar sintomatología  depresiva, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, consumo de sustancias, irascibilidad, trastornos de la percepción de la imagen corporal e ideación y tentativa suicida.

En relación a este último punto, en Estados Unidos nace el concepto de “bullycide” (Marr y Field, 2001) para referirse a los suicidios cometidos por las víctimas de acoso escolar; extendido posteriormente para denominar también a aquellos actos delictivos perpetrados por las víctimas, como en los casos de la masacre del Instituto Columbine o la del Instituto Politécnico de la Universidad de Virginia en 2007.

La relación entre ser víctima de acoso escolar y las tentativas suicidas ha sido descrita en múltiples investigaciones que han encontrado que el 6% de las mujeres y el 11% de los varones japoneses habían intentado suicidarse alguna vez. En el caso del mobbing homofóbico las consecuencias muestran incluso más intensidad, tal y como muestran Hershberger y D’Augelli (1995), que encontraron que el 42% de las víctimas de acoso homofóbico encuestadas había intentado suicidarse, al menos, una vez.

Algunas señales de alerta de quien sufre mobbing:

-        El niño no quiere ir a la escuela.

-        Dolores de cabeza, malestares musculares… Los elevados  niveles de estrés generan una gran tensión tanto física como psíquica que se puede traducir en tales síntomas.

-        Aislamiento, depresión e ideas de suicidio.

-         Conductas autodestructivas por ejemplo hacerse daño a través de cortes (en los brazos o las piernas), consumo de sustancias, trastornos alimenticios, entre otros.

-        Bajo rendimiento escolar, presumiblemente porque están más preocupados por el problema y el miedo constante que tienen que por estudiar

Lo ocurrido esta semana nos lleva a plantearnos que el acoso y la violencia escolar es un problema de todos en el que urge la reflexión colectiva, adoptar una actitud vigilante y alerta, romper la ley del silencio para dejar de ser cómplices y desarrollar conductas activas EFECTIVAS que detengan ó impidan el maltrato.

Son la anestesia é indiferencia social las que han hecho posible que motes, amenazas, vejaciones, insultos, burlas y peleas, humillaciones y collejas se hayan hecho un sitio en nuestras aulas, normalizándolas como “cosas de críos”.

“En nuestro colegio no hay maltrato”, “es solo un caso aislado”, “son cosas de niños” ó “ha sido una broma”..., son algunos ejemplos del síndrome de  negación ante el acoso escolar. Sin embargo, la institución escolar tiene el derecho y el deber de ser un lugar seguro para poder maximizar en sus alumnos la oportunidad de aprender, “en pleno proceso de formación emocional y de relación con sus semejantes”.  La indefensión aprendida (sensación de que no hay solución, la cual en ocasiones puede conducir al suicidio) devuelve al niño el terrible aprendizaje de que vivimos en una sociedad de indiferentes en los que se abandona a cada uno a su suerte.

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