A todos nos duele París: el terror de sentirnos indefensos

Lunes, 20 de Mayo de 2019

» Clínica Alarcón Granada

A todos nos duele París: el terror de sentirnos indefensos

20 de Noviembre de 2015 15:34h

Antonio Mundo López, Licenciado en Psicología con Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamiento Psicológico, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de la intervención en trastornos emocionales
Antonio Mundo López, Licenciado en Psicología con Máster en Psicología de la Salud, Evaluación y Tratamiento Psicológico, desarrolla su actividad clínica en el ámbito de la intervención en trastornos emocionales

ANTONIO MUNDO LÓPEZ.- Desde la semana pasada el miedo se ha instaurado en el mundo occidental. El 13 de noviembre París se convertía en la capital del miedo, de la barbarie y desde entonces desayunamos, almorzamos y cenamos con noticias en las que se nos informa de redadas policiales, avisos de bomba, estado de guerra...

Y es que no estamos educados en el día a día de sobrevivir a un bombardeo, al sonido permanente de los fusiles kalashnikov, y al estado de sitio. Se ha popularizado en medios de comunicación las declaraciones de un niño que conversaba con su padre sobre qué es el terrorismo a colación de una pregunta de un periodista. Qué difícil contestar esa pregunta a un niño, ¿verdad? Colegios, institutos e incluso guarderías dedican parte de sus horas lectivas en explicar a los alumnos conceptos como “yihaidista”, “guerra santa” y “terrorismo islámico”. Todo ello dejando el poso del pánico y el habituarnos a mirar con recelo a los que nos rodean cuando acudimos a una estación de metro o a una sala de conciertos.

Al igual que cuando ocurrieron los atentados de las Torres Gemelas y nuestro trágico 11 de Marzo la sociedad despierta al miedo, por unos días el paro, el independentismo catalán pasan a un segundo plazo en los medios de difusión, y el recelo, la desconfianza invade nuestros pensamientos.

Es entonces cuando percibimos ese estado permanente se sobresalto en el que un fuerte ruido, escuchar la sirena de una ambulancia o ver una mochila sin dueño en una estación de autobuses son la excusa perfecta para activar el pánico. Y es que estamos más pendientes de todo lo que pasa a nuestro alrededor, porque queremos prevenir, queremos sentirnos más seguros…

En ese estado de sobresalto permanente tan propio del miedo percibimos cierto contagio emocional de lo que ocurre en París, no importa si vives en Salamanca o en Vinaroz, la población se contagia del miedo porque al fin y al cabo ¿qué nos diferencia de todas aquellas personas que estaban disfrutando de una agradable cena en “Le Petit Cambodge” o dando saltos en la sala “Bataclan”?

La población se siente indefensa igualmente, percibe que ningún servicio de inteligencia internacional es capaz de advertir el peligro con un 100% de probabilidad, y claro, es entonces cuando aparecen las confusiones terminológicas y confundimos términos como posibilidad y probabilidad. Es posible morir en un atentado terrorista pero ¿eso lo convierte realmente en algo probable? Se producen cancelaciones de eventos deportivos por peligro real de atentados y parece como si detrás de cada esquina, en cualquier rincón del mundo residiera el peligro.

Desde los medios de comunicación se nos anima a que continuemos con nuestra vida, que no nos dejemos llevar por el miedo e intentemos normalizar nuestros planes y proyectos evitando que nos invada el pánico, pero esa indefensión nos acompaña. Al igual que los niños necesitan la seguridad y supervisión paterna para acudir a la escuela el primer día de clase, los adultos requerimos esa protección de los cuerpos y seguridad del estado para que nos protejan del peligro.

En muchas personas que acuden habitualmente a nuestra consulta se vislumbra una necesidad irracional y distorsionada en querer controlar muchos aspectos del día a día sobre los que no tienen un control total y absoluto: asuntos de pareja, la posibilidad de ser despedidos de su trabajo, el padecer una enfermedad en un futuro.

Y en estos días parece como si esa necesidad de controlar esas áreas vitales se desplazara a la necesidad básica de supervivencia. Con atentados como el acontecido en París se nos rompe esa ilusión de control que a veces tenemos, y se activa esa percepción patológica de que tenemos la posibilidad real y total de poner medios para que no sucedan determinadas desgracias.

En semanas siguientes sólo nos quedará volver a la rutina, lo previsible es que las preocupaciones del día a día vuelvan a nosotros y el miedo, el terror y la supervivencia den paso al “no llego a fin de mes”, “no encuentro trabajo” y al “¿qué hacemos este fin de semana?”. Será entonces cuando recuperemos nuestra vida de ciudadanos de occidente.

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