A Don Santiago

Sábado, 23 de Marzo de 2019

A Don Santiago

31 de Diciembre de 2018 10:37h


Se termina el año y quiero dedicar unas palabras a un hombre ejemplar, de carácter, campesino, soldado (por obligatoriedad, siendo menor de edad) alfarero y agricultor; Don Santiago Chen, que con orgullo llamo abuelo.

Con 78 años de vida ha demostrado que la disciplina es la cualidad más importante a practicar, ya que desde pequeño le tocó vivir en precariedad. Es originario de Rabinal, Baja Verapaz; a 180 km de la capital. Un pueblo fértil donde se cosechan las mejores naranjas de la región. Solo tuvo la oportunidad de llegar a tercero primaria ya que en su tiempo era obligatorio trabajar para subsistir.

De ahí aprendió a cultivar la tierra, a cuidar del ganado y lo más importante, el oficio de alfarería. Este arte lo llevó a ser de los primeros alfareros del municipio. Fue la mejor manera de darle vida a su imaginación con la creación de piezas únicas. La mejor temporada era justo, estas fiestas de fin de año. Con sus nueve hijos se dedicó a crear hermosos pastores, animalitos y muñecos de nacimiento, para después ser vendidos por doña Juana, mi abuela.

Mis abuelos vivieron un fenómeno social, el matrimonio por conveniencia. En su época aún existían, en pleno siglo XX, pero este se llevó a cabo por la honorabilidad de ambas familias, casándose los cuatro hermanos de mi abuelo, con las cuatro hermanas de mi abuela. No fue fácil, don Tranquilino, mí bisuabuelo, los puso a trabajar y ganarse el corazón de sus hijas. Mi abuelo con 17 años desposó a mí abuela de 15 y ahora cumplen 60 años de un hermoso matrimonio, dónde han dejado a nueve hijos y más de veinte nietos, todos ciudadanos responsables y trabajadores.

Cuenta mi papá, que estudiar en esos tiempos era un lujo,  por la mañana iban a la escuela y por la tarde a trabajar en el campo. Por ello mi abuelo siempre les decía: "El próximo año los quiero en el grado inmediato superior, sino se van al campo a trabajar". Esto sirvió de motivación para que todos sean profesionales de éxito.

Hoy, Don Santiago, ha ido perdiendo la vista, ya que los años no pasan en vano, pero en su casa aún conserva su torno como recuerdo, y que para mí es la muestra viviente de que hay que impulsar el desarrollo local a través de incentivos para los campesinos porque es una manera de dinamizar la economía de las familias. ¡Gracias abuelo por ser un hombre emprendedor, todos los honores para usted!

Por. Marina Chen Sam


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