Concentración de riqueza versus impuestos

Concentración de riqueza versus impuestos

Luis F. López Silva

Según un informe publicado por Oxfam el 82% de la riqueza generada en 2017 en el mundo terminó en manos del 1% de la población mundial, es decir, en los megamillonarios del planeta. Esta tendencia de acaparamiento de riquezas se vio acusada durante la Gran Recesión que explotó en 2007 y de la que todavía las economías nacionales hacen grandes esfuerzos por dejar atrás. La lectura es simple: los ricos son más ricos y los pobres son más pobres que antes de la crisis.  Además, las cuentas públicas de los países afectados entraron en barrena por la falta de ingresos fiscales y el endeudamiento excesivo. Toda una bomba de relojería que lleva tiempo amenazando con dinamitar el bienestar social progresivo que se consolidó a partir de las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado.

Esta concentración de riqueza es un fenómeno facilitado por la financiarización de la economía mundial, al posibilitar que los actores económicos dispongan de grandes sumas de activo financiero para hacer adquisiciones o fusiones de empresas con la pretensión de crear economías de escala. Lo que a su vez supone reducir progresivamente el número de productores y agentes independientes, conduciendo de modo inexorable la economía hacia estructuras de monopolio que debilitan la libre competencia. Pero además, existe otro problema asociado a la concentración de la riqueza: el gran capital se resiste enconadamente a tributar. Los datos hablan por sí solos: los países en desarrollo pierden cada año 100.000 millones de dólares debido a la evasión de impuestos a través de los paraísos fiscales y se cifra que alrededor de 8 billones de dólares  pertenecientes a una minoría privilegiada se ocultan en los entramados ‘offshore’. Datos vergonzosos e insostenibles si deseamos sociedades con infraestructuras modernas y seguras y servicios mínimos en educación, sanidad, pensiones justicia, seguridad, etc.

Por tanto, se puede deducir que la fórmula matemática de la proporcionalidad directa viene como anillo al dedo a la cuestión. El aumento de la concentración de la riqueza aumenta de manera proporcional la evasión de impuestos. A más concentración de riqueza menos impuestos se detraen. Tengamos en cuenta que la influencia de mundo del dinero en la política es cada vez mayor, lo que supone que el lobby financiero tiene poder suficiente como para afectar y amoldar la legislación a sus intereses. Además, la ingeniería fiscal de las grandes empresas y sus ejércitos de abogados en materia tributaria las blindan ante la debilidad de las leyes fiscales de los Estados nacionales, pues las corporaciones operan a nivel transnacional burlando las normas y explotando al máximo cualquier resquicio legal. 

La percepción de la gente es que la economía de hoy solo funciona para una minoría. Sienten  desamparo y enfado. Por eso, las sociedades actuales se hallan ante una paradoja de difícil solución, ya que los niveles de concentración de riqueza aumentarán en los próximos años con el consiguiente perjuicio para los ciudadanos y las arcas públicas. En consecuencia, en años venideros habrá nuevas subidas impuestos a la clase media y humilde y el estado tendrá que endeudarse más. Y en sentido opuesto, aquellos que atesoran inmensas riquezas no tendrán el incentivo de invertir en la economía real, sino que emplearán el sistema bursátil especulador para invertir su dinero o simplemente lo trasladarán a paraísos fiscales y convertirse en rentistas de esas grandes fortunas. Mientras tanto, la inmensa mayoría de ciudadanos seguirá quejándose con razón del elevado nivel impositivo en sus rentas, aireando con angustia la simplona frase contra los impuestos de que el dinero donde mejor está es en el bolsillo del ciudadano. Fenómeno que solo tendría sentido y efecto en economías muy igualitarias con información horizontal, transparencia total y competencia perfecta. Pues para las grandes fortunas, pagar menos impuestos no es una acción correlativa a un aumento de sus inversiones en la economía real, sino a veces todo lo contrario, ese capital ingresará en la opacidad fiscal o en el circuito bursátil para especular contra la economía real, esa que da empleo y da de comer a la inmensa mayoría de las familias.  

En cuestión de impuestos lo mejor es no hacerse ilusiones con promesas del político mentiroso de turno, porque el grueso de las cargas fiscales seguirá recayendo en los de siempre mientras no se proyecten medidas a nivel mundial para ralentizar la concentración de riquezas y poner freno a la tendencia monopolista y oligárquica de la economía. Lo cual me temo es inviable a fecha actual. Las fuerzas oponentes son poderosas y los intereses creados permean todo el entramado político y económico que nos (des)gobierna.

Comentarios Disqus