Toca hablar, y mucho

Toca hablar, y mucho

Rafa Montes, Alcalde de Fiñana

 

Es precisamente ahora cuando toca hablar, porque no hacerlo sería una irresponsabilidad. Es ahora cuando desde cualquier pueblo o lugar nos toca dar la cara a todos aquellos que de una u otra manera tenemos la responsabilidad de representar a pequeñas o grandes comunidades. Y toca hacerlo para trazar no ya la línea de lo que queremos hacer, porque en eso todos podemos coincidir. Me refiero a que todos queremos mejores posibilidades laborales, más seguridad de cara a una jubilación que inexcusablemente llegará, mejores condiciones de vida en nuestro entorno mas cercano y esas cosas a las que siempre aspiramos durante nuestra etapa laboral y que, conforme sumamos años, queremos dejar como legado a las generaciones que vienen detrás.

Pero ahora, la gran decisión, está en cómo queremos llegar a esos logros, ganar esas batallas, conseguir tales objetivos. El cómo, ahora más que nunca, importa y una auténtica barbaridad. Pongamos un ejemplo muy clarito y que todos vamos a entender. Imaginemos que el enfriamiento de la economía que vaticinan los expertos y que desde el trifachito de PP, Ciudadanos y VOX se vende como la gran crisis que se avecina, -parece que necesitan los malos augurios o las desgracias para sacar la cabeza-, realmente provoca consecuencias claras entre nosotros, los ciudadanos de a pie. Pues nos toca elegir la manera en la que queremos pasar ese bache. Y me refiero a si estamos dispuestos a pagar otra vez nosotros, las clases medias, las obreras. Si esta vez también vamos a soportar que se salven los bancos y se hunda en las listas del paro a la gente. Tenemos que elegir si queremos una sociedad que proteja y defienda a nuestros jóvenes o repetir aquel episodio de animarles a que se vayan a cualquier país para trabajar de lo que sea, y a ser posible sin billete de vuelta.

Toca elegir cómo queremos que solucionen problemas como el de Cataluña, porque no nos queda tan lejos. Fiñana, por ejemplo, es un pueblo del que una muy buena parte de nuestros vecinos emigraron en los años del hambre, de la dictadura, del fascismo, para encontrar un lugar en el que garantizar el alimento para sus familias allí y, a ser posible, a las que dejaron aquí. La relación es tan estrecha que Terrasa es una ciudad hermana y año tras año mantenemos ese lazo con ganas, con orgullo y poniendo todo el corazón en ello por ambas partes. Ahora toca decidir si queremos solucionar los problemas con el diálogo, buscando la integración, la recuperación, o sencillamente a golpe de imposición. De imposición de esos falsos constitucionalistas que sólo se han aprendido el artículo 155, pero que han olvidado por completo de los demás títulos, capítulos y secciones, obviando deliberadamente que la dignidad de la persona es el principal valor que defiende nuestra ley de leyes.

Toca hablar. Es nuestra responsabilidad salir a la calle y explicar qué peligros acarrean las diferentes formas de afrontar el recorrido hacia esos logros que, como decía, son anhelos comunes. Y tengo claro que nosotros, los que tenemos alguna responsabilidad tenemos que ser los primeros en dar el paso adelante, pero que nadie se esconda detrás del sofá, porque esta tarea sólo será realmente efectiva si esa llamada a la reflexión se hace en cada casa, en cada sobremesa, porque si ese es nuestro escenario natural de lamentos, también lo tiene que ser de búsqueda de soluciones. 

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