Corneados por una granada de mano

Corneados por una granada de mano

Javier Salvador, teleprensa.com

Una granada de mano en un centro de menores inmigrantes no acompañados no es normal. Una granada de mano es un arma de guerra que, dependiendo de su carga explosiva, hasta la podríamos denominar como arma de destrucción masiva si nos atenemos a los tratados internacionales que nos dicen el volumen de muertes probables que puede causar si llegase a usarse, que es como mide esa escala ¿Una barbaridad de ejemplo verdad? Pues lo realmente bárbaro es que se tire un artefacto explosivo con una bolsa de metralla adosada para aumentar exponencialmente su poder destructivo a un centro de menores. 

Y vamos a ver, que no digo que entre esos chavales no existan un número indeterminado de esos que podamos definir de auténtico marrón, pero qué mierda de sociedad estamos construyendo si no somos capaces de ayudar un poquito a revertir esa situación, cuando una de nuestras principales preocupaciones es saber qué podemos y que no podemos comprarnos en el puñetero Black Friday. Vamos, que creo que tenemos algo de capacidad ociosa que podemos emplear en beneficio de los demás.

Para determinar, en mi opinión, si Vox tiene alguna culpa por utilizar estos centros como epicentro de un problema que ellos mismos han generado para ganar votos del modo mas rastrero, les voy a poner el ejemplo de los toros. Si, de los toros de lidia.

Si a mi me gustasen los toros, que no es el caso, asumiría que con la entrada que compro participo de un espectáculo en el que se va a matar a un animal. Es decir, que no me podría sentir menos culpable por el mero hecho de no mirar al ruedo cuando fuesen a clavar la espada al astado. También tendría que asumir que soy corresponsable de la muerte de cualquier torero y de cada una de sus heridas, porque con mi dinero incito a que se lleve a cabo ese “espectáculo”, le pago para que se exponga y por lo tanto participo de un negocio en el que hay una serie de efectos posibles y otro que viene ya de serie, que es la muerte del toro de la que soy sencillamente un colaborador necesario.

Si yo cito a los medios de comunicación, que mal hecho por ir y darle difusión a este tipo de tropelías, para decirles que la inmigración es un problema y los centros de menores una parte significativa de ese desajuste, no puedo desentenderme de los efectos que mi discurso provoque, porque de tanto tocar la parte oscura de la masa gris de las personas, se termina por encender una cerilla en el pajar de la población, llamémosla, intelectualmente débil. 

Lo que viene a ser un tonto con inicitiva en el lenguaje normal.

Mirar a otro lado cuando sucede la consecuencia posible de nuestros propios actos tiene una responsabilidad tasada. Puede que esa no fuese la intención directa, el objetivo de las palabras, pero obviamente los hay que entendieron aquellos arrebatos de campaña como una incitación al odio sobre un determinado colectivo. Y ya se sabe, cuando se acerca mucho la cerilla al pajar, pues al final termina por aparecer una granada de mano con carga de extra de tornillería en el jardín de un centro menores.

Vox tiene en estos momentos medio centenar de diputados en la Cámara Baja. Esto supone un coste mínimo de un millón de euros al mes que salen del bolsillo de todos los españoles entre sueldos, asesores, servicios auxiliares, dietas de desplazamiento y otros conceptos. El mínimo exigible es que no vuelvan a denominarse constitucionalistas hasta que no se lean la Carta Magna y comprendan mínimamente los valores fundamentales que protege, porque precisamente la protección de la dignidad de la persona es uno de esos ejes sobre los que pivota todo su articulado.

Un poco de seriedad, aunque se llegue, tarde no vendría mal. Aunque sea después de ser corneados por una granada de mano que, dicho sea de paso, gracias a Dios que no explotó.

 

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