Bajo nuestro ego existe una vida que palpita

Bajo nuestro ego existe una vida que palpita

María José Navarro

Las Iglesias enseñan que la fe por sí sola es suficiente, pero esto no es así, y la prue­ba está ante nosotros. Preguntémonos: ¿Han mejorado este mundo las incontables misas celebradas durante siglos?, ¿De qué han servido los muchos santos a los que los fieles rezan?, ¿Está la gente más sana? ¿Está sana la Madre Tierra? ¿Es pacífico el ser humano? 

Si se considera el sufrimiento en este mundo, las innume­rables misas y las muchas oraciones de los creyentes han servido de poco o de nada. De hecho Jesús de Nazaret no fundó ninguna iglesia, tampoco habló de misas repetitivas cargadas de rituales y liturgia pero sin contenido interno.

Lo que Jesús dijo en aquel entonces lo ha estado ma­nifestando nuevamente en la actualidad, desde hace más de 40 años a través de la palabra profética dada por Gabriele de Würzburg. El siguiente párrafo lo ilustra: «Siendo Jesús enseñé a las personas que fueran a un aposento tranquilo en el que pudieran estar a solas con Dios, su Padre eterno. Este lugar tranquilo en la actualidad es más necesario que nunca, pues este mundo se ha vuelto cada vez más ruidoso agitado y brutal. También la naturaleza ofrece sosiego e interiorización a las personas que quieren dirigirse al interior, al Espíritu Cristo que Soy Yo en el Padre. Quien se esfuerza por llegar a Dios y estar a solas con El y con Su creación experimenta en la naturaleza, lejos del barullo y del estrépito ruidoso del ego humano, la vida que palpita, El Espíritu del infinito.»

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