Siete horas de pleno

Elena Torres, teleprensa.com Almería

Ni calvo ni tres pelucas. Está visto que los políticos no tienen término medio y lo mismo les da por convocar un pleno que termina por cerrar sesión en tres minutos, con el que más de uno se embolsa un bonito emolumento, que pegar un ‘turre’ al ciudadano con una sesión maratoniana de siete horas que encima se han quedado ‘cortas’.

El último pleno celebrado en el Ayuntamiento de Almería capital, donde gobierna un PP en minoría y que está formado por tres partidos más, -PSOE, Ciudadanos e Izquierda Unida-, a priori se presentaba denso porque en el mismo se habían incluido casi cuarenta puntos, -aunque también es cierto que muchos alcaldes son capaces de pasar de uno a otro en un ‘pis pas’-, sin embargo se albergaba alguna esperanza de que fuera fluido por aquello de que muchas de las cuestiones planteadas estaban más que habladas y hasta consensuadas: Casa del Mar, IES El Toyo, refugiados, tren, Interalmería… sin embargo, resultó interminable y lo que es peor sin que uno tenga la sensación de que  de tantas mociones aprobadas por mayoría e incluso unanimidad vaya a salir nada nuevo ni bueno. 

Algún concejal reconoció que algunas de las mociones que se llevaban a pleno ya se habían aprobado, en término similares, hace cuatro años. Es decir que ya nos dejó más que claro lo que vale aprobar un asunto en una sesión plenaria.

Y es que da la sensación de que todos se hubieran puesto de acuerdo para reconocer públicamente la necesidad de mejorar las mismas cosas, porque eso como declaración de intenciones queda muy bien, pero ahí se queda todo. Sobraron muchas intervenciones y sobra el exceso de protagonismo de algunos concejales  así como lecturas de textos demasiado preparados y algo huecos. Por el contrario falta concreción en lo que se quiere hacer y como hacerlo y francamente si hay tanto diálogo como todos parecen vendernos por aquello de que no hay mayorías  no sé por qué los asuntos no llegan más cuajados a pleno.

Lo peor es que la sesión terminó sin la voz de la calle, -se comieron el tiempo los concejales-, que en ocasiones resulta más entretenida y esclarecedora que algunos discursos de ególatras.