Rajoy se queda fuera

Elena Torres, teleprensa.com Almería

Tengo la impresión de que ningún partido con representación en el Congreso quiere repetir unos comicios. Es más, la calle ‘empuja’ en cierta medida para que se ‘apañen’ como puedan pero que dejen al ciudadano tranquilo durante un tiempo y sobre todo se les pide también acción para poder contar con ‘argumentos suficientes’ antes de tener que pronunciarnos nuevamente sobre quién queremos que nos gobierne.

Y aunque después de la primera votación de investidura, la mayoría da por hecho que con lo escuchado en la Cámara por unos y otros se tensan las posturas y resulta inviable formar gobierno, lo que nos abocaría a unas nuevas elecciones, soy de quienes opinan que ésta no es una ‘solución’ y nuestros representantes lo saben. 

De momento, se ha despejado cuando menos una incógnita. Esta primera sesión nos deja a Mariano Rajoy definitivamente ‘noqueado’ y fuera del tablero de los pactos. Ese orgullo mal entendido que le ha llevado a no sentarse ni a hablar con Ciudadanos, una vez que llegó a un acuerdo con el PSOE, le ha sido devuelto con creces por su líder Albert Rivera que hasta ahora  ha sido de los pocos que no ha puesto pegas a casi ninguna formación para entablar conversaciones y ha cerrado, sin embargo, las puertas al PP mientras Rajoy lidere el proyecto. El silencio que le ha rodeado desde que se conocieran los resultados electorales de diciembre y su negativa a iniciar los ‘trabajos’ para tratar de formar gobierno, unido a la sombra de corrupción que le rodea a diario, han terminado por rematarle. Todos le dan la espalda, tal vez como respuesta a la actitud que él ha mantenido durante su gobierno de mayoría absoluta. Y a estas alturas, muchos piensan que para poder contar con el PP en una próxima legislatura se hace necesario, cuando menos, la sustitución de su candidato. Por ahí podría abrirse una respuesta.

La otra iría por buscar ese acuerdo de izquierdas que el PSOE hasta el momento no ha sabido o sobre el que no ha trabajado lo suficiente pero que le ofrece más escaños y en principio una mejor respuesta de los grupos nacionalistas que se harían necesarios en este escenario. Claro que aquí, las palabras agrias, especialmente cuando se expresan en público y humillan, las exigencias incuestionables… y todo lo que suene a imposible debe de empezar a dejarse a un lado.