La honorabilidad en el PP
Aunque no es político de mi devoción, -siempre ha creído que ir dando bandazos, ahora apoyo a Vox, ahora me alejo; lo mismo hago portavoz a la señora Álvarez de Toledo que mañana lo es Gamarra, dos perfiles bastante opuestos; siempre en contra del Gobierno pero sin mostrar alternativas a sus propuestas-, aún hoy, pasadas casi dos semanas, no se bien la razón de la expulsión de Pablo Casado como presidente del Partido Popular.
Mal lo estaba haciendo, en eso estamos de acuerdo, pero la crisis se ha suscitado a raíz de poner en duda la gestión de una presidenta, -claro que no es cualquiera, es la lideresa entre las lideresas-, de su partido y sus sospechas de que pudo favorecer a familiares. Es decir, por tratar de aclarar un presunto caso de corrupción. Claro que no lo hizo de tapadillo sino que lo aireó bien. El tamaño de esta torpeza, no obstante, es tan grueso como la manera en que el aparato del partido, los barones, se han cargado en cuestión de horas a su líder que a duras penas ha logrado alargar su ‘estancia’ para poder salir ‘honorablemente’ en un congreso extraordinario donde se eleve a los altares populares al líder gallego Núñez Feijóo.
Aunque aguante ese mes más hasta su fin, lo cierto es que Casado sale muy vapuleado por los suyos, por todos. No sólo por los que nunca le quisieron sino también por los que le aplaudieron y a los que él promocionó. Todos le han dado la espalda y lo han hecho de una manera demasiado cruel, a mi entender. Sin ningún apoyo pero recibiendo largos aplausos en sus despedidas, -hasta ahora del Congreso y de la Junta Directiva Nacional del partido-, lo que ha supuesto la constatación más clara del cinismo con que trabaja la clase política de este país o al menos, una buena parte de ella. Sino sólo cabría entender que aplauden el que por fin se va… que no parece.
Alberto Núñez Feijóo ya ha cogido el relevo, con alfombra roja incluida pues todos se proclaman abiertamente admiradores del gran ganador de elecciones. No quiere primarias, aunque una transexual valenciana está dispuesta a dar la batalla. Pero no, esta mujer se equivoca, en el PP estas cosas no pasan, así que no creo que llegue al mostrador donde presentar su precandidatura.
De esta manera, el gallego ya empieza a mostrar la línea por donde encauzar la nueva andadura del partido, y ésta arranca con la defensa de la honorabilidad de la presidenta agraviada. El honor parece cosa sagrada para los populares. Confiemos en que no se arrepienta pronto de este respaldo.