domingo 22/5/22

Miembros de Juntos por la Vida recorren ciudades arrasadas, con niños que juegan entre barricadas y familias con una bomba sin explotar en casa

VALÈNCIA, 7 (EUROPA PRESS)

Una aldea arrasada, edificios bombardeados y un búnker que aún conserva el rastro de alcohol y basura dejado por soldados rusos tras perpetrar una matanza a civiles escondidos, son algunas de las escenas que se han encontrado los voluntarios de la ONG valenciana Juntos por la Vida que, tras semanas de labor humanitaria en la frontera con Polonia, se han adentrado ahora en los pueblos, aldeas y ciudades de la Ucrania.

Este equipo de voluntarios está recorriendo algunas de las zonas bombardeadas para conocer la realidad y necesidades de la población, y preparar así acciones de ayuda y de cara a la reconstrucción, según ha explicado la entidad en un comunicado. Son lugares donde la fundación conoce a muchas familias, como Irpen, Bucha, o Sukachi, donde la organización lleva trabajando desde hace 25 años en programas humanitarios durante los veranos con menores ucranianos, que han estado llegando a la Comunitat valenciana acogidos por familias.

Mucha gente quiere volver a sus casas y otros no quieren abandonarlas, aunque la ONG considera que siguen siendo lugares peligrosos y recomienda que se desplacen a otras zonas y alojamientos mas seguros, ha indicado en un comunicado.

"Aún los que lo han perdido todo no quieren dejar a sus gentes, sus casas, sus animales, a sus hombres. Algunos que se marcharon comienzan a regresar. En sus pueblos se sienten seguros y tienen esperanza de volver a reconstruir sus vidas. A pesar de la guerra y la destrucción, tienen fuerza para ello", afirma la presidenta de Juntos por la Vida, Clara Arnal, desde Ucrania.

CONVIVIR EN CASA CON UNA BOMBA SIN EXPLOTAR

La ONG ha relatado que los voluntarios, en su viaje, están conociendo muchas historias dramáticas, como la de la familia de Raia en una aldea de Chernobyl. Vieron cómo una bomba entraba por el techo de su casa y mataba a su marido y otro familiar que estaban dentro. Ahora están reconstruyendo con plásticos y maderas la casa que contiene en el suelo una bomba sin explotar , con la que tienen que "convivir", pero les dicen que no se puede desactivar.

Juntos por la Vida cuenta que en el pueblo se pueden ver en campos y calles muchas de esas bombas sin detonar, con el peligro que eso supone para sus vecinos. En este y otros pueblos, la mayoría de familias se han quedado sin casa por los bombardeos.

En Irpen, según la fundación, el 70 por ciento de los edificios han sido destruidos, las tiendas y comercios que aún permanecen en pie están cerradas y "no hay vida en esta ciudad porque la mayoría de las personas han huido del horror". Hay minas que no han sido identificadas y los militares y policía tratan de encontrarlas y desactivarlas .

También en las aldeas de Ivankiv se han destruido más de la mitad de las casas. En una de ellas el 25 de febrero entraron los rusos y explotó una bomba causando un agujero de 3 metros en el suelo. Masha trabajaba en la cocina de un restaurante, y su marido en Chernobyl, pero ahora no tienen trabajo. Además, los niveles de contaminación han subido. Esta es una zona muy deprimida y muchas familias se han quedado sin empleo ni medios. Aun así, "sus vecinos tienen fuerza para repartir ayuda humanitaria y seguir trabajando para reconstruir sus vidas", cuenta la ONG.

En la visita de los voluntarios a su casa, antes de despedirles Masha les mostró el sótano donde diez personas estuvieron escondidas durante un mes. Lloraba al recordar las condiciones infrahumanas en que vivieron y el miedo que pasaron.

La misma situación han vivido los voluntarios al conocer más sótanos en otras ciudades donde han estado muchas de las familias que Juntos por la Vida conoce desde hace años. Al encontrarse con algunas de esas personas, se han producido momentos de tristeza, rabia y sufrimiento al recordar esos días, y mirar el futuro aún poco esperanzador.

Uno de los más impactantes fue un bunker acorazado, el mas seguro de la región de kiev, donde unas 500 personas se escondían. "Creían que estarían protegidos, pero dos días después, entraron los rusos, rompieron las dos puertas blindadas, y causaron una de las mayores masacres", En el lugar quedan muchos restos de basuras, alcohol, comida y excrementos de los rusos.

NIÑOS QUE JUEGAN ENTRE BARRICADAS

Los voluntarios de Juntos por la Vida han repartido ayuda humanitaria enviada desde Valencia a un hospital en Striy y aldeas rurales de Ivankiv, alejadas y de difícil acceso, con carreteras cortadas y donde no llega ningún tipo de ayuda.

Han conocido la situación de precariedad que vive un orfanato con 170 niños y niñas entre 7 y 20 años, evacuados desde Donbass, donde también han llevado ayuda humanitaria y seguirán llevando porque "no tienen nada y no les llega nada".

"Los niños y las mujeres son las principales víctimas de esta guerra", advierte Juntos por la Vida, que relata que muchos niños que se quedan en las ciudades juegan sin tener consciencia del peligro frente a las barricadas. "Ningún niño o niña del mundo se merece estar jugando en estas condiciones", afirma Clara Arnal, junto a un grupo de pequeños que se divierten frente a una de esas barricadas de guerra.

En su recorrido por la Ucrania devastada, los voluntarios de la ONG han visto también bosques quemados, carreteras y puentes rotos, tanques abandonados en el campo y edificios negros y destruidos en ciudades fantasma, que antes habían conocido con vida.

En un vídeo desde la ciudad de Irpen delante de los edificios bombardeados, Clara Arnal recuerda cómo la fundación conoció esa ciudad hace 22 años. La vieron prosperar y mirar a Europa, cómo se convertía en una ciudad moderna.

"Muchas parejas jóvenes llegaban a iniciar sus vidas. A una ciudad que ha acogido a miles de desplazados internos que perdieron sus casas en la zona de oeste y han visto aquí su segundo hogar. Y ahora ven de nuevo sus casas destrozadas, barrios enteros, vidas destruidas por esta guerra incompresible", ha lamentado, antes de asegurar: "No les vamos a dejar".

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