viernes 3/12/21

Mojácar (Almería).- Marina de la Torre (Mojácar) es sin duda uno de esos campos de golf singulares, y bien hechos, que dejó el boom urbanístico de comienzos del año 2.000. Y claro, hay que entender el entorno para comprender el lugar. Mojácar es un pueblo incrustado en una montaña desde la que se ve el mar, con una segunda zona de población a pie de playa. Y Marina de la Torre es exactamente eso, un campo que tiene una parte a pie de playa y otra en la cara norte de una montaña.

Casi veinte años después desde su apertura y tras una renovada gestión del complejo se encuentra en un extraordinario estado de forma. Greens rápidos, calles estrechas, rough -o raf a la española- jugable en la parte sur del recorrido pero intratable en la vertiente norte, sólo tiene un defecto que tampoco les será difícil solucionar, y es la dureza de los bunkers que, por otro lado, convierten las trampas de arena en un alivio para el jugador novato.

Las medidas y datos técnicos están en su web, así que en estas líneas sólo trato de ofrecer las sensaciones de un jugador medio en una vuelta solucionada a duras penas con dieciocho golpes sobre el par del campo. Suficiente para divertirse.

Lo bueno de Marina de la Torre es que el factor climatológico juega siempre a favor. Sin apenas lluvia a lo largo del año y extrañamente protegido del natural viento de Almería, tienes un campo dividido en dos partes con un recorrido extraordinariamente amable en la zona baja, que perdona muy bien al jugador de pegada larga y en ocasiones descontrolada, como es el caso. La cara norte es otra cosa y es la separación entre ambas zonas el único escoyo para hacerlo muy cómodamente andando.

Empiezas en la parte sur jugando el hoyo 1 con un par cuatro sencillo, de apenas 300 metros, perfecto para entrar en contacto con el campo. Recto, sin miedo.

El H2, un par tres de poco más de 150 metros es muy facilón y te invita a venirte arriba, pero si en golf nunca puedes cantar victoria antes de tiempo, en Marina de la Torre mucho menos. Empiezan las complicaciones.

Para llegar al 4 hay que subir un pequeño desnivel que es sólo un aviso a navegantes.

Tee de salida más bajo que el green. Par cuatro de casi 250 metros muy estrecho y en el que no te puedes confiar, porque a la izquierda es bola perdida y a la derecha complicarte la vida. Engaña muchísimo y aunque la entrada a green parece dada está muy protegido al fondo, derecha e izquierda, es decir que crees que con un golpe recto y suave cumples, pero lo que se cumple es la máxima de que en golf no hay nada seguro. Fue mi primer tropiezo después de un par y un bogey.

Es muy posible que mientras te preparas para la salida escuches una campana, eso quiere decir que hay jugadores que vienen de vuelta desde el H13, del que ya nos ocuparemos en su momento porque es una verdadera pasada de hoyo.

De ahí continuamos subiendo hasta la parte mas alta de la montaña y el ascenso que toca es una de las razones por las que o vas en buggy o llevas carro eléctrico. Cualquier otra opción queda reservada para personas capaces de correr un iron man. Ahora bien, el esfuerzo vale la pena porque vas a encontrar uno de los tees de salida más espectaculares de Andalucía en el H4. Par cinco de 475 m. en el que sales a 50 metros sobre el nivel de calle. Puedes darle rienda suelta al drive y si enganchas un golpe limpio verás la bola volar como en ningún otro lugar. Llegar a green ya es otra cosa, porque lo normal si eres de salida larga es quedarte justo en línea con unas palmeras tan espectaculares como obstaculizantes. Algunos jugadores locales te animan a apoyarte en la calle del H5, pero la historia del golf se escribe por valientes, así que madera cinco a todo gas y si no chocas con nada en el camino te quedas en antegreen y con un approach sencillo. Es un par cinco fácil.

El H5 es un par tres corto, sin complicaciones, con fuera de límites a la derecha y un green generosamente amplio defendido por un bunker muy duro.

El tee del H6 es la puerta de entrada a una parte del campo que paisajísticamente es sencillamente preciosa y golfísticamente algo incómodo porque se trata de calles estrechas, con raf impracticable, pero recorridos rectos aunque constantemente cruzados por agua, vaguadas y otras excentricidades de los diseñadores del campo. Complicado a la vez que divertido. Junto al H7 y el H8 conforman un trío de pares cuatro de tránsito que te llevan a un punto y aparte en el H9, donde si te pasas o te abres a la derecha estás perdido. Con apenas 170 metros si no eres preciso de salida tienes un serio problema. Es de esos pares tres que o haces un par o te vas al doble o triple bogey sin darte cuenta y, posiblemente, con una bola menos en la bolsa.

El H10 es un par cinco con forma de botella con el tee en el mismísimo cuello. Hay calle de sobra, porque son casi 500 metros, pero también hay que ser muy preciso para coger buena posición en tu segundo golpe. Apoyarte en la izquierda para jugar una bola abierta con un poco de fade puede ser una buena solución.

En sentido inverso tienes el H11 y ojo, se trata de un par cuatro que aparentemente es sencillo pero no te das cuenta de lo estrecho que es hasta que la bola empieza a correr. A la izquierda un talud que es tu mejor opción si no puedes mantenerla en el centro de la calle, porque si te vas a la derecha directamente caes al H10 y si en el recorrido te quedas atrapado en el raf tienes pocas opciones. A unos 200 metros del tee de salida hay un bunker durísimo. Cuidado, si la bola cae ahí directamente bota y te la escupe a la derecha casi con toda seguridad.

El H12 es un par cuatro de 276 metros estrecho, cómo no, y que a la izquierda cae a la calle del H11 y a la derecha se defiende con un talud impresionante que de rebote te puede mandar la bola a cualquier parte. Eso si no terminas en la urbanización colindante. Aunque invita a darle con todo lo que tienes escondido en el drive es mejor asegurar una salida corta y quedar con una buena posición para entrar a green de dos cómodamente.

Aquí terminas el recorrido norte, y si vas andando llega la parte más dura porque, literalmente, hay que escalar una cuesta que después de doce hoyos puede dejarte KO, pero la recompensa es que le puedes echar un último vistazo al tee del H4 y decir eso de “Yo he jugado este hoyo”. Aunque la verdadera sorpresa la vas a encontrar en el H13.

Par cuatro en forma de escuadra en el que no ves bandera, que está un par de terrazas -literalmente- más abajo y con un palomar en medio que invita a no jugar directamente a ese green que no ves. Lo más recomendable es asegurar un primer golpe con hierro para quedarte en el vértice de la supuesta escuadra, y de ahí un segundo a ciegas para una supuesta bandera varios metros más abajo y que sigues sin ver. Si te pasas terminas en el tee del H3. De hecho están tan juntos tee de green que cuando terminas de patear tienes que darle a una campana para avisar a los inquilinos de las salida del H3 de que vas a pasar. Divertido, singular y paisajísticamente un verdadero lujo.

Y aquí volvemos a la parte sur del campo para jugar los cinco últimos hoyos en la zona amable del recorrido. Más ancha, con posibilidad de jugar mucho más relajado y terminar con un par de pares adicionales si has reservado fuerzas. Por lo tanto, no hay que olvidar que Marina de la Torre es un campo en el que, sencillamente, hay que dosificarse.

El H14 es un par tres sencillo, de tránsito, para tomar aire con una entrada a green a 135 metros del tee de salida. El H15 es un par cuatro recto, con la bandera algo protegida por bunkers y agua a la izquierda que no entra demasiado en juego. Si abres mucho la bola a la derecha cambias de calle y no pasa nada.

El 16 es un par cinco en el que puedes arrearle sin compasión, pero con la condición de que si no vas recto tienes que irte a la derecha, jugar al fade, porque de lo contrario terminas fuera de límites y perdiendo la bola. Tienes calle suficiente para darle una segunda madera, y que con sus 437 metros de recorrido hay distancia para probar. La llegada a green se estrecha un poco al hacer una pequeña curva a la izquierda, pero nada serio.

El h17 es el hoyo de la presión, porque es un par muy cortito de apenas 146 metros con agua a la derecha que no compromete mucho, pero un resort a la izquierda cuya piscina es la grada de los espectadores. Y claro, todos sabemos que cuantos más ojos te miran mejor golpeas. Cuidado con no darles.

Y para concluir el recorrido un par cinco en el 18 con 460 metros casi que pensado como para terminar de gastar la batería del drive. Sin miedo y apoyándote un poco a la derecha para escapar del fuera de límites de la izquierda, con entrada a green muy cómoda si no pecas de ambicioso y te propones ponerte de tres en bandera.

El campo es en definitiva bonito, con hoyos de verdadera postal y fácil de entender. Algo más complicado en la zona norte, por la estrechez de las calles, pero si tienes la suerte de compartir partida con un jugador local será mucho más sencillo y agradable. En mi caso el papel de lazarillo, compañero, caddie y animador lo llevó a cabo Diego García, “el de la gasolinera de Mojácar”, un hándicap veintipocos totalmente emboscado que, sin duda, es uno de los mejores embajadores de campo con los que jamás he jugado. Si coincides con él no le dejes jugar por encima de un hándicap 17 o 18, porque el resto es ventaja gratuita que le das.

Marina de la Torre es, en definitiva, un buen campo, divertido, de clima garantizado, greenes rápidos y muy bien cuidado. Merece la pena.

Marina de la Torre: Mar y montañana en un solo campo de golf
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