Vaya por delante el error cometido ayer en esta editorial donde ubicábamos al edil de Huércal de Almería sorprendido cuando conducía ebrio el mismo día y tras salir de la Fiesta de San Valentín organizada por el Ayuntamiento. Pues bien, no fue el día 18 sino el 14, es decir, en la misma festividad cuando tuvo el incidente con la Policía. Aunque el dato no cambia el fondo si es de justicia dejarlo claro.
Hoy es otro de esos días, -y vendrán muchos más-, donde la información nacional eclipsa cualquier otra. Hemos conocido que España entrará en recesión. En principio, la Comisión Europea estima que la economía española se contraerá un 1% aunque viendo lo mal que se ha diagnosticado todo en los últimos tiempos o al menos como nos lo han transmitido, -siempre quedará la duda de si se sabía más y no se quiso decir en su momento-, cualquier cosa es previsible. Lo cierto es que el dato echa por tierra cualquier esperanza de ver en el corto e incluso medio plazo una mejora.
Lo menos deseable es que junto a este dato se sucedieran las protestas en la calle, pero también es cierto que cuando nos anuncien cómo vamos a salir de ésta nos va a gustar más bien poco. Al final uno tiene la sensación de estar comiéndose un marrón del que no se siente para nada culpable y es ahí donde nadie nos acaba de hablar claro. Quienes se han encargado de administrarnos, desde luego no lo han hecho bien y el sistema tampoco está permitiendo que ante un error la oposición pueda hacer algo.
Dado que la caída en el fango va a ser más que profunda bueno sería que puestos a revisar la economía y a emprender reformas llevemos éstas a todos los campos. No vaya a ser que una vez enmendada la economía empiecen a surgir desperfectos en otros órdenes de este sistema democrático.
