De placas, homenajes y premios
El PSOE de El Ejido acaba de plantear al gobierno municipal del Partido Popular que elimine en una placa que luce el paseo de Levante de Almerimar el nombre de Jaume Matas, condenado por corrupción. Al parecer, el bueno de Matas era ministro de Medio Ambiente cuando se inauguró la vía y claro, se quiso reflejar su presencia en el acto. Dado como está el entorno y la cantidad de políticos y no políticos, pero sí altos cargos de instituciones, que están pasando por las salas de los juzgados con mejor o peor suerte, si la iniciativa socialista prosperara y se extendiera por todo el país es previsible que el gasto en placas de sustitución saliera más caro a las arcas públicas que la campaña de reducción de velocidad en las autovías emprendida durante el mandado de los socialistas en el Gobierno de España.
Ciertamente, la iniciativa no ha sido acogida de ninguna manera por nadie. No causa ni frío ni calor. Si acaso arranca cierta sonrisa por la ocurrencia de sumarse al carro y así ganar titulares periodísticos, como sucede con Palma y sus ahora maldecidos duques.
De cualquier manera, hay que hacer una consideración al respecto. Una cosa es colgar en una placa el nombre de las autoridades presentes en un acto de inauguración, -que tampoco está muy claro que sea totalmente indispensable para bautizar una obra-, y otra muy diferente es distinguir a una persona con el nombre de una calle o con un premio. En este sentido, en general, en esta tierra hay cierta tendencia a ofrecer gratuitos homenajes a personas sólo por el hecho de ostentar algún cargo pero ciertamente sin mérito alguno, tal vez en la ingenua creencia de que este detalle puede abrir puertas o repercutir en beneficios de otro tipo para quien promueve el premio en cuestión. Así ha sucedido que los premios se han devaluado de una manera tan lamentable que ya hay quien no acude ni a recogerlos. Y es que los homenajes y premios son buenos cuando van dirigidos a una persona y una trayectoria contrastada y en ocasiones la precipitación por concederlos lleva con el tiempo al arrepentimiento.