Los resultados de unas elecciones siempre dejan interpretaciones para todos los gustos. Así en Galicia, el PP es el partido que gana los comicios, sin ningún género de dudas lo que anuncia que Alberto Núñez Feijóo seguirá al frente del Ejecutivo gallego sin necesidad de tener que contar con ningún otro partido para llevar a cabo sus políticas. Ahora bien aún reconociendo la contundencia de sus 41 escaños sobre 75, y de que consigue tres escaños más , ello es posible incluso perdiendo 135.000 votos. Interpretar que estos resultados son un salvoconducto para que Rajoy haga y deshaga como se le antoje, -al igual que ha hecho hasta ahora-, es tal vez temerario, máxime cuando el propio candidato gallego y reelegido presidente rehuyó en algunos momentos de la campaña de las siglas del PP e incluso del propio líder nacional. No obstante, este resultado era lo único que les faltaba para seguir sacando pecho y obviar más si cabe cualquier manifestación en contra.
En Euskadi es el PNV quien consigue ser la fuerza más votada aunque aquí no está tan claro cómo gobernará Íñigo Urkullu con 27 escaños teniendo tras de él a Bildu que finalmente obtiene 21 escaños, casi cinco menos de lo que se preveía. En conjunto, las fuerzas nacionalistas representan casi dos tercios de la Cámara Vasca y aquí es donde han comenzado los temblores y reproches al Constitucional por permitir la presencia de Bildu en unos comicios. Y esto es una aberración. Porque tanto en Galicia como en Euskadi ha hablado el pueblo y tal y como se ha expresado no cabe la menor duda de que en el caso del País Vasco se respira nacionalismo, con una alta dosis de deseo de independencia, guste o no guste. Lo que no puede nadie plantear es que lo que 'no me gusta, no dejo que se presente' o establecer unas reglas de juego que no permitan a ciertas fuerzas políticas estar representadas como merecieran, como le sucede a menudo a Izquierda Unida. Los que tanto alardean de legalidad deberían aplicarse el cuento.
Finalmente, la lectura en la que todos coinciden, incluso los implicados, es en el varapalo sufrido por el PSOE, con pérdidas de 7 y 9 escaños. En un sitio gobernaban, y en el otro ejercían la oposición, por lo que no parece que pueda aplicarse el mismo principio a la hora de interpretar los resultados y tal vez por ello, todos han mirado directamente a la dirección del partido y más concretamente a su secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba de quien no han dudado en pedir la dimisión desde el minuto cero a través de redes sociales. Lo cierto, es que la actual situación del PSOE, prácticamente anulado del mapa político, hace que cobre más fuerza si cabe José Antonio Griñán, quien tampoco parece dudar a la hora de pedir su protagonismo dentro del partido. Las cosas se ponen díficiles para los socialistas, pero es más que probable que Andalucía se convierta en el centro de atención a la hora de buscar una solución.
