jueves. 04.06.2026

José García Sánchez.

Cuando la deletérea desconfianza se convierte en el principio rector de nuestra interrelación con los demás, cuando la paranoica idea de que todos actúan y actuamos movidos por ocultos y siniestros motivos, podemos afirmar sin temor que esta sociedad está enferma o que, cuando menos, se encuentra falta de cohesión y solidaridad.

El orden social se asienta, precisamente, en que las interacciones entre los grupos y los individuos se convierten en típicas, en esperables, y cuando lo esperable es lo inesperable -la respuesta enrevesada, torva y encrespada-, las cosas no van bien.

No hace tanto tiempo -apenas una treintena de años- que a los españolitos se les bombardeaba con el mensaje oficial y oficialista de, invariablemente, achacar la causa de nuestros males y desdichas al “contubernio judeo-masónico”, esa siniestra confabulación de fuerzas exógenas y antiespañolas empeñadas perennemente en mortificar e importunar a nuestro buen pueblo, compendio, además, de todas las virtudes raciales y sin asomo de mácula alguna. Aún más, cuando resultaba imposible realizar alguna imputación personal y culpabilizar de nuestras desdichas y descalabros a los siniestros judíos, masones, demócratas o comunistas –casi siempre extranjeros o, como poco, “malos españoles”-, no teníamos empacho en cargar contra los elementos. Recordemos, si no, la “pertinaz sequía” que agobiaba nuestra sedienta piel de toro en los años cuarenta y cincuenta, aunque no fuese ésta la primera ocasión en que escurríamos el bulto de tal guisa, pues ya lo hizo antes Felipe II con su salida de pata de banco ante el descalabro de la Armada Invencible.

De buscar, explorar o reconocer fallos o errores propios, nada de nada.

Por otra parte, cualquiera con cinco dedos de sentido común –muchos dedos son- sabe o intuye que, para averiguar o investigar cualquier hecho o suceso, lo más razonable es, aparte de reunir el máximo número posible de datos o indicios, establecer la hipótesis explicativa de lo acaecido de acuerdo con los citados datos o indicios y buscando siempre la explicación más sencilla y elemental antes de escudriñar otras más complejas y retorcidas. Vamos, que si se nos para el coche en pleno viaje, lo primero será comprobar si tenemos gasolina antes de desmontar medio motor.

El “piensa mal y acertarás”, tan estúpido y tan español, se ha convertido en prisma y paradigma para analizar la realidad, lo que tiene poco de extraño si pensamos que nuestro peor pecado capital es el de la envidia, obsesionados siempre porque el vecino gana, viaja, holgazanea, come, bebe y fornica más y mejor que nosotros.

Así, nada tiene de chocante que sean cientos de miles los embaucadores y embaucados que, pese a todas las evidencias y datos con que ya se cuenta, aventuran las más raras y sofisticadas hipótesis conspirativas para explicar la comisión y autoría del atentado del 11M, o fabrican y elucubran raras maniobras y premeditaciones del Juez para decidir y ordenar detener a la dichosa Pantoja, que Dios guarde o confunda, según gustos, pues para unos es poco menos que una Juana de Arco rediviva mientras que otros la califican como una fullera y mangante de cuidado.

¿Y qué decir del farsante, estrafalario, y bufón de su novio, cuya familia –parte de ella- manda y lanza un comunicado que sugiere extrañas “casualidades” y maniobras –otra conspiración en marcha- para convertir a su amada en cabeza de turco o víctima propiciatoria del poder, que así distrae nuestra atención de hechos más graves?; por ello, el mentado bribón determina y decide emprender una huelga de hambre sin hambre, que cesa a los pocos días ante el tentador y suculento olor de unos macarrones con tomate, plato preferido de este tramposo y mentecato de vía estrecha.

Conspiraciones y más conspiraciones; el caso es buscar y explicar la realidad con las más retorcidas hipótesis –falsas todas ellas- para negar las evidencias de las propias sinvergonzonerías. Véanse, si no, las preclaras afirmaciones de prohombres del PP al considerar “sospechoso y demasiado casual”, en contraposición con el número muy inferior de miembros del PSOE en igual situación, que sean tantos los componentes de su Partido detenidos y procesados por delitos urbanísticos.

Claro, como todos sabemos que la honradez es privativa de la derecha, quiere decir que los rojos se han confabulado para acabar con la gente decente, integra y proba. Vamos, con ellos.

¿Y qué pensar de Isabel García Marcos, cotorra viperina y presunta delincuente, que se considera una “presa política”?. Desfachatez se llama esa figura, que va largando sin pudor cuanto se le antoja y pone el mundo del revés: el acusado convertido en acusador.

Esta obsesión de estar rodeados y asediados por una legión o enjambre de pequeños y grandes Maquiavelos, esta “conspiranoia” que nos domina, puede proporcionarnos, y de hecho así lo hace, indescriptibles momentos de refocile y cachondeo, pero, desde luego, en nada favorece el necesario clima de cooperación y sí el de eterna competencia y hostigamiento que padecemos.

Para muestra, un botón: el ínclito sociólogo Amando de Miguel, tan “progre” en otros tiempos, escribe en el periódico “Libertad Digital”:

“Nicolás Rodríguez (Málaga) me regala con una graciosa historia de las que sirven para una buena sobremesa:

Muere Felipe González y, naturalmente, va derecho al cielo.

Dios le dice: Felipe, has sido solidario, te has preocupado por los desfavorecidos. Pídeme y te concederé.

Dice Felipe: Señor, quiero que todos los españoles sean socialistas, honrados e inteligentes.

Dice el Señor: Me pides demasiado. Te concedo dos de las tres gracias.

Contesta Felipe: Señor, entonces los españoles que sean socialistas y honrados será porque no son inteligentes; quienes sean socialistas e inteligentes no serán honrados y quienes sean honrados e inteligentes no serán socialistas.

Efectivamente, dijo el Señor. Hágase.

Y así se hizo. Y así es.”

Y a mí se me ocurre que este chistecito se le podría aplicar con tanta o más gracia al Partido Popular y a Mariano Rajoy, o a su antecesor, el “vinófilo” Aznar, ese imprudente piloto “destrozacoches” que nos han retratado últimamente.

Así nos divertimos todos y los malos siempre serán los otros, mas la mala leche va por libre.

Con este ambiente, con tales nubarrones, nada raro parece que, en los inicios de la campaña electoral de las municipales, sean ya varios los militantes y locales de partidos políticos –casi todos del PP- que han sido atacados, dañados y descalabrados por otros tantos cafres e indeseables, sin más señas de identidad que su propia zafiedad y bestialidad.

Conque, de seguir así, sólo usaremos un lema o eslogan: jodidos pero jodiendo.

Conspiraciones
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