A estas alturas de la película, es más que probable que muchos se estén cuestionando qué hacemos en Europa. Parte de nuestro poder como Estado se ha transferido a Bruselas y cuando vienen los problemas no tenemos capacidad para resolverlos por ese marco mayor en el que nos desenvolvemos y que no nos podemos saltar nos apetezca o no. Ya no es una cuestión de cuanto estamos endeudados y si tenemos solvencia o no para hacer frente a los pagos, la agricultura lleva ya demasiado tiempo afectada por una política europea que no comprende o a la que desde aquí no entendemos, lo cual viene a ser lo mismo.
Y ya no es una percepción que tengamos los gobernados, la gente de a pie. Quien gobierna también parece haberse aliado con este sentir generalizado. Hoy está en Almería la consejera de Agricultura, Clara Aguilera, quien dice entender a la perfección lo que le sucede a los agricultores, que es algo tan sencillo como que no llegan a final de mes. Y lo comprende aún más, porque las campañas de movilización que ahora inician los productores, esta vez no se hacen a la puerta de su institución sino de las grandes superficies comerciales, las grandes causantes del fuerte desequilibrio que sufre la cadena alimentaria. Claro que también, desde aquí, -son ya demasiados años con el mismo discurso-, se podría haber hecho algo más para fortalecer la oferta y no sentirse tan desprotegido. Y puestos a repartir culpabilidades, también convendría que nos dijeran los políticos para que los necesitamos en tanta cantidad si a la hora de la verdad su papel está tan limitado. Tener una consejería de Agricultura sin capacidad normativa que ante grandes problemas se empequeñece ayuda muy poco al sector. En estos momentos de reflexión sobre quienes somos y donde estamos, Europa, se hace más necesario que nunca recortar cargos y reducir las funciones hasta donde somos capaces de hacer, sin florituras ni adornos. Y para eso no necesitamos a Europa, sino un poco de orden dentro de casa y algo más de acción.
