José Ángel Pérez, Periodista
A los almerienses que han pasado de largo la frontera de los cincuenta años, no se les podrá olvidar fácilmente otro de los grandes capítulos luctuosos ocurridos en la provincia de Almería, en esta ocasión en la capital, como es el caso de la explosión de la calle Gerona, cuya deflagración provocada criminalmente, acabó con la vida de siete personas entre ellas, tres niñas y la del autor material del criminal atentado. Todo se produjo en escasos minutos en las primeras horas de la madrugada del domingo al lunes 17 de marzo de 1.980.
Eran las doce y veinte minutos de la noche cuando sonó la alarma en el parque de Bomberos. Tras la virulenta explosión, dos vecinos de la capital, alertados por las fuertes detonaciones y en los primeros minutos de la confusión cuando se iniciaban las labores de auxilio por parte de la Policía y los bomberos de la capital, los hermanos Pedro y Rafael Sánchez arriesgaron sus vidas cuando desde el exterior pretendían acceder a la vivienda de dos plantas que quedó destruida para intentar rescatar a las personas que podían estar heridas en el interior de las casas.
La gente de la zona se asomaba asustada a los balcones y ventanas y muchos sin pensarlo se echan a la calle. Un marinero de servicio en la comandancia Militar de Marina no dudó en jugarse la vida y se incorporó a las labores de salvamento. El aspecto de la calle era tremendo. El pequeño edificio donde se ubicaba el local comercial ardía por los cuatro costados y dos coches aparcados en la puerta estaban envueltos en llamas.
De uno de los balcones está saltando uno de los supervivientes mientras el otro pequeño logra ser rescatado. El sargento Cruz que mandaba la dotación de bomberos subió a la primera planta junto a un agente de policía buscando supervivientes entre la llamas y los escombros. Un escalofrío recorrió sus cuerpos. A poca distancia bajo los escombros encontraban los cuerpos sin vida de las dos hermanas abrazadas.
El incendio provocado de manera premeditada e intencionada por José Amo inquilino del local situado en los bajos de un pequeño edificio de dos plantas denominado "Comercial Cruz" dedicado a la venta de productos de droguería comenzó a propagarse rápidamente invadiendo las pequeñas habitaciones interiores del local donde había almacenada una importante cantidad de material inflamable, pinturas y otros productos de alta toxicidad.
Al entrar en contacto el material inflamable con las llamas, como consecuencia de la elevada temperatura y las altas calorías se produjo la terrible explosión que destrozó materialmente el cuerpo al autor del siniestro, que no pudo llegar a salir con vida del establecimiento sorprendido por la fuerte onda expansiva que reventó los techos y paredes del local alcanzado a los pisos superiores.
Siete personas ajenas a la criminal acción de un grupo de individuos sin escrúpulos, que según pudo determinar la Policía tenían antecedentes anteriores por provocar hechos de similares características en otras capitales españolas, la última al parecer en un local de una barriada cercana al puerto en Palma de Mallorca. Movidos por el lucro provocaron el incendio de la droguería de la calle Gerona para cobrar los veintidós millones de pesetas de prima del seguro.
La explosión acabó con la vida del matrimonio formado por Juan García Carretero y Rosa López, a los que la muerte les sorprendió durmiendo junto a sus hijas Rosa María de 16 años, María del Mar de 14 años y Lidia de 11 años. Todos fallecieron en el acto aplastados por la rotura de los techos, paredes y del violento impacto.
La fuerte explosión acabó también con la vida de la anciana Trinidad Granados ocupante del ático del edificio de dos plantas. Juan Carlos de 17 años, Domingo José “Quico”de 13 años se salvaron milagrosamente. Marcos de 8 años que resultó afectado con graves quemaduras por todo el cuerpo falleció unas semanas mas tarde en el centro de Quemados de la residencia “Virgen de la Arreixaca” de Murcia. Fue un duro golpe para estos niños que de golpe y porrazo se vieron huérfanos con la familia destrozada. Se quedaron bajo el amparo de la abuela materna que tuvo que luchar mucho para sacarlos adelante.
Varias horas mas tarde de que los cuerpos de las victimas recibieran sepultura en el cementerio de San José tras haber sido velados en la capilla ardiente de la iglesia de San Pío X de la barriada del Zapillo, la Policía almeriense comenzó su trabajo detenido a los integrantes del grupo criminal implicado en el incendio que habían planeado el siniestro.
Fueron detenidos Gabriel Caimari, Ana Cruz Gordillo, José Chambo y Ana López Rubio.
Nada mas concluir su trabajo los bombero y rescatados los cadáveres la Policía se puso en acción. Uno de los inspectores de Policía que activamente intervino en la investigación, Joaquín Diez García, recordaba con tristeza y horror este terrible episodio criminal. Uno de los cómplices fue detenido un día más tarde junto a su esposa en la capital. El cerebro de la organización se detuvo posteriormente en Mallorca y fue trasladado a Almería donde se instruyeron las diligencias del crimen.
Almería entera sintió el dolor en una gran manifestación de pesar y rabia contenida, ante uno de los más trágicos sucesos ocurridos en la historia de la provincia cometidos por una mano criminal y que como se relataba al principio, a pesar del tiempo transcurrido el suceso no es fácil olvidarlo.
