¿Y el ministerio de Hernando?

Javier Salvador, @jsalvadortp

Pues mi gozo en un pozo. Pese a que los medios más pro PP de Almería incluían a Rafa Hernando en las quinielas de ministrables,-cierto es que en las de Madrid nunca apareció-, hubiese sido todo un detalle que Rajoy hubiese apostado por un ministro almeriense, o aparejado a Almería por ser su circunscripción electoral. Estaba claro que Juan José Matarí o Javier Arenas, que al estilo del PP son tan de Almería como las refajonas, no tenían posibilidad alguna con el negro horizonte de la Gürtel rondando sus cabezas, pero Hernando contaba con todas papeletas para haber sido ese ministro de fomento que hubiese hecho llegar hasta la provincia el Ave, o por lo menos hasta Cantoria.
Hasta ahora el hecho de ser portavoz del grupo parlamentario era la antesala de un ministerio, pero parece que en política la lógica sólo cumple cuando no lleva adosado el apellido de Almería.
Lo preocupante de la situación es el qué ocurrirá ahora, porque ciertamente Hernando es uno de los diputados con más experiencia, pero ¿cubre el perfil de portavoz para un Gobierno en minoría?
No ha conseguido, digamos, prodigarse mucho en mundillo de los acuerdos para conseguir los apoyos que llevasen a formar gobierno, y no parece que sea el tipo más conciliador del arco parlamentario en un momento en el que el buen rollito con PSOE, Podemos, y otros, se va a vender caro. Incluso ciudadanos le espera con los brazos abiertos y las manos extendidas en posición guantazo, por aquellas alusiones desde la tribuna sobre lo que duraban los acuerdos con la formación naranja.
En cualquier caso, lo cierto es que el de Guadalajara con piso alquilado en La Térmica, nunca ha tenido el apoyo real de Almería. Entró aquí por un favor de Manuel Arqueros, el incombustible diputado, hacia Álvarez Cascos en el 93. De dos por Almería o Teruel, esas eran las opciones.
En la segunda legislatura de Aznar consiguió peso específico y se suponía que de haber ganado Rajoy a Zapatero en su primer intento hubiese sido ministro, pero se fueron a la oposición. De ahí a una mala alineación en el congreso valenciano del PP en el que un muy debilitado Mariano se enfrentó a sus críticos, y automáticamente pasó al purgatorio durante unos años. La travesía fue dura hasta el punto de que se llegó a dudar si continuaría en las listas por Almería, ya que Javier Arenas no estaba ni mucho menos en sus máximos defensores.
Rescatado por Alfonso Alonso como vice portavoz del grupo parlamentario, comenzó a recuperar my poco a poco la confianza del círculo próximo de Rajoy y mientras él subía Arenas bajaba por la presión de la sombra Gürtel.
Pelillos a la mar en Madrid, parecía que había camino franco hacia el ministerio, pero los apoyos de Andalucía siempre fueron con la boca pequeña y salvo el pétreo apoyo de algunos empresarios muy concretos, diría que nadie más ha dado la cara por él.
Incluso he llegado a pensar que tanto titular sobre su posible nombramiento era en realidad una forma sutil pero efectiva de echarle la lápida encima. Ya se sabe que los más nombrados son los que nunca salen.
Lo crean o no y aunque hubiese ganado lo mismo con él de ministro que de embajador permanente de España ante la Unión Europea, -cargo que por cierto ahora queda libre salvo Gabriel Amat lo pida-, es una pena que Almería siga sin tener ese alto cargo en el Gobierno que permita minimizar la deuda histórica del ejecutivo con esta provincia.
Alta velocidad, terminar la jugada de las desaladoras para que sean una solución real y no un agujero negro de comisiones y escándalos como la de Cuevas; una firme defensa de los productos almerienses frente a competidores desleales como Marruecos. Todas esas cosas que, en definitiva, parece que se puede solucionar con un amigo de casa en el Gobierno y que todo apunta a que van a seguir en el cajón de los asuntos pendientes por mucho tiempo.