lunes 12/4/21
Javier Salvador Cañadas, teleprensa.com

Sólo puede quedar uno, y no es el PP

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

Realmente es sencillo. Las derechas se fagocitan entre ellas, viven obsesionadas con ese inmortal dicho de “sólo puede quedar uno”, y lo que demuestran las elecciones catalanas es que ese uno no va a ser el Partido Popular. Ya no se trata de que allí los resultados han sido históricamente muy malos, es una excusa que no cuela como la del efecto Bárcenas. No. Este Partido Popular ya no le gusta a sus votantes y eso se va a hacer notar. De hecho, en comunidades autónomas como Andalucía funcionan por el mero hecho de que aquí no hay un partido nacionalista moderado, entre el centro y la derecha al estilo PNV, Ciu en sus buenos tiempos, Unión del Pueblo Navarro, Partido Aragonés o tantos otros. Pero lo cierto es que entre elegir a Vox o quedarse en el barco que se hunde, no tardará en conformarse esa opción. La otra salida es que den un paso al lado Casado y todos aquellos que le han hecho la ola desde el primer día, pero elementos que no tienen más salida laboral que esta concepción de la política, no son fáciles de echar. Y todo queda en manos de perfiles como Feijóo u otros que ya afilan los colmillos, y que le den el último cañonazo a en la línea de flotación del muy debilitado presidente nacional de los populares.

El peligro que corre el centro derecha español es que un tipo llamado Pedro Sánchez, se está construyendo un nuevo PSOE que va camino de conseguir las mayorías de antaño. Es cierto que tiran mucho de aritmética, sociología y tendencias para pillar con pinzas cada momento, pero la verdad es que esa es la única forma de hacerlo con una izquierda que ahora sale de la travesía de las dispersiones. Ahora empiezan a retomar el vuelo de la unificación.

Para que no nos engañemos tengamos en cuenta un hecho. La constitución española se ideó, además de para salir de la dictadura con un marco legal que aportase una transición de todos los gustos, para que este país fuese bipartidista. De hecho, el no perfeccionar ese modelo desde el principio como se ha hecho en otras muchas naciones, es lo que lleva a esa perversión del sistema por el que una mínima minoría es capaz de someter a la más apabullante mayoría. 

Poco a poco iremos cerrando nuevamente el círculo hacia figuras en las que deben converger los votos, pero el riesgo para el centro derecha, para la derecha en general, es que se va al carajo aquel ingente trabajo que Fraga hizo en su momento para plantar cara al PSOE de Felipe González, uniendo primero a ocho formaciones distintas en AP y luego al resto (PDP, PL, AP) en lo que hoy es el PP.

Lo cierto es que el centro derecha tiene ganas, pero no encuentra perfiles. Imaginen por ejemplo que la ex vicepresidente Sáenz de Santamaría (ex PP) y Rivera (ex CS) aparecen ahora liderando una nueva opción junto a un tercero del mundo de la empresa, pongamos por ejemplo a alguien del perfil del exministro Manuel Pimentel. Pues está claro que liquidaban a populares y ciudadanos de un plumazo, y relegaban a Vox al papel que Fuerza Nueva tuvo durante algunos años de la transición. Es decir, algo residual que hasta era bueno que existiese para que unos pocos se retratasen.

Ahora bien, con el dinero que hay en juego para los próximos años ¿realmente creen que los lobbies no van a mover ficha y pronto? Pues claro que si. Esas fuerzas económicas precisamente no pueden permitirse que Vox tome carrerilla porque a sus socios europeos, aunque en el fondo les haga gracia, sencillamente les asusta la ínfima cualificación de la mayor parte de sus cargos públicos.

Atentos, que puede que hasta sea Andalucía el lugar donde se den los próximos pasos. Y dependiendo de lo que corra el PSOE en solucionar el problema Susana Díaz, tendrán opción hasta de ganar las próximas elecciones.

La gente, sencillamente está harta. Y ese es el mejor caldo de cultivo para lo radicalmente nuevo.

Sólo puede quedar uno, y no es el PP
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