Si eres muy bueno, demuéstralo
Javier A. Salvador, @jsalvadortp
Uno de los grandes problemas que conlleva esto de ser latino es que nacemos siendo los mejores, dechados de virtudes en estado puro que no nos explicamos cómo y por qué van desapareciendo tales dones con el tiempo. Nos sucede individual y colectivamente, pero al igual que nacemos siendo números uno en todo lo nuestro, también viene en el paquete ese arte especial que tenemos para encontrar un porqué ajeno que más que frenar nuestro crecimiento sencillamente nos apea de la posición de podio que por naturaleza nos corresponde.
Por ejemplo, y empiezo la crítica por mi entorno profesional para que el lector entienda que se busca un resultado positivo y no demostrar, por puro afán de malmeter, que los almerienses vivimos en un desastre de ciudad sin norte ni ruta que la lleve hacia esa dirección.
Los periodistas somos todos buenísimos, y no presentamos todos el informativo de las tres de la tarde en cualquier tele nacional no porque nos falte talento para ello, sino porque alguien nos robó esa oportunidad en algún momento. Descartado queda que no se hubiese trabajado eficientemente para ello, y obviamente el que lo consigue es por enchufe y por haberle robado el puesto a otro. Pues bien, ¿saben cuál es el futuro de esta profesión?
En breve los periódicos de papel van a ser un recuerdo y el caso de Cuenca, sin diario desde hace semanas, no es más que el inicio de la cuesta. Quedarán unos pocos de ámbito nacional, muy pocos, y puede que locales sobrevivan algunos de periodicidad semanal, pero me aventuraría a decir que gratuitos. Y en ese panorama ¿qué será de los periodistas?
Pues habrá que sobrevivir en un entorno en el que tendremos que ser buenos y demostrarlo. Hacer que los lectores paguen entre 5 y 10 céntimos por leer una columna como ésta y estar entre los favoritos de un grupo de consumidores de letras lo suficientemente importante como para que un periódico, y aquí viene lo mejor de todo, te deje publicar en su medio.
Pues con las ciudades va a pasar lo mismo, sólo que el cambio es mucho más rápido. Algunos vieron las orejas al lobo hace años y comenzaron a convertirse en smart cities cuando apenas había medios para ello. Era un coñazo, pero transformar sus ciudades en inteligentes les ha permitido ser atractivos para visitantes de aquellos lugares en los que todos estos cambios ya se han producido hace tiempo. Como nos llevan ventaja tecnológica sus rentas son más altas, pueden gastar dinero y por ello son los que mandan en estos momentos ¿por qué? porque el cliente siempre lleva la razón.
Almería llega tarde otra vez, y no digo eso de que ha perdido el tren por no hacer demasiada sangre y porque al tiempo que escribo esta columna me consta que Elena Torres, desde la mesa de la otra punta de la sala, debe andar contándoles algo de trenes, vías y contradicciones de esta tierra.
Ahora bien. Si ya sabemos que Málaga, Granada, Córdoba y Sevilla nos han dejado fuera de su liga, de su modelo de negocio para atraer turismo, entre otras muchas cosas, obviamente a los almerienses nos toca remangarnos y ponernos manos a la obra para encauzar un rumbo que no nos deje fuera del mercado. Obviamente no les voy a preguntar si creen que con estos líderes que nos han tocado a peso tanto en el ayuntamiento como en la diputación podemos hacer algo, - imagino que sabrán que la diputación de Almería es la única de España en la que ni presidente ni vicepresidente tienen formación universitaria-, porque ya no se trata de un problema de buenos o malos políticos, como en el caso de la prensa tampoco se trata de que existan buenos o malos medios, sino de la capacidad de atracción individual y, a partir de ahí, sumar a muchos que individualmente arrastren un montón.
Si quieren otro día les descifro un poco más eso de los liderazgos colectivos generados por la suma de sinergias, que hoy me acabo de pasar los 3.000 caracteres y la paciencia del lector tiene ese límite. O eso dicen.