A quién votan los felices

Javier Salvador es abogado y periodista

Si salimos a la calle y preguntamos a cualquier persona, de cualquier sexo, con menos de 40 años quién es Aldama, Leire, e incluso Gamarra, Tellado, Cerdán o Torres, todos ellos nombres vinculados con el mismo supuesto de información que ocupa las portadas de hoy en todos los medios de comunicación, y en este el primero, se nos van a quedar mirando con cara de ajo y pensando para sí mismos. Así es como exactamente vemos España: tú por un lado y nosotros por otro.

Y esa es la cruda realidad. Y esa realidad tiene, no obstante, un efecto divertido para aquellos que no terminamos de entender por qué, aquel que predica el ruido, no termina sordo de una puta vez y nos deja en paz. 

Ahora más que nunca empieza a evidenciarse un hartazgo que es muy difícil de ver cuando te crees el puto amo de la barraca de feria, de una feria que ojo, montas tú mismo para que tu ejército de viejos roqueros, todos ellos de más de 50 años, reafirmen sus odios, envidias o frustraciones, porque el que es feliz, pasa de todo. Pero claro, si ese que se cree rey todopoderoso, resulta que no es más que un ocasional protagonista de la versión actualizada del cuento 168 de Hans Christian Andersen, nunca mejor dicho, le están haciendo un traje a medida. 

Y la clave de todo esto está en la felicidad. Mirad a vuestro alrededor y tratad de identificar a personas plenamente felices o casi felices, que es más real. Pregúntale qué le preocupa, a qué aspira y, ya de paso, a quién vota. 

Pues eso.

Que toca pararse. Tomar aire y volver a aprender a respirar. 

Igual nuestro mejor servicio a esa sociedad es apoyar lo que quieren esos que la van a heredar. Cosas como menos horas de trabajo semanales para vivir y no sólo trabajar, un sueldo mínimo interprofesional en ascenso, viviendas dignas y asequibles… Y que le den por donde sea al tal Aldama, ese tipo que hace cuatro días estaba en la cárcel por defraudar cientos de millones de euros en impuestos de esos que pagan la sanidad, educación, jubilaciones, subsidios, ayudas a emprendedores. Y esas otras cosas de las que ya no hablamos.