Qué pasó con el raf de Almería
Javier Salvador. Periodista
Un día me contaron que antaño, cuando la gente tenía su huerto como un anexo a sus casas tras los barracones de las viejas salinas de Cabo de Gata, la amas de casa cultivaban tomates y otros productos de huerta para ayudar de alguna manera a completar su despensa. Aquellos huertos, por estar muy próximos a las salinas, eran terriblemente agresivos para cualquier tipo de fruta o verdura, pero por encima de todas las adversidades había una variedad de tomate que se daba especialmente bien en el lugar, en concreto un tomate pequeño, arrugado y feo, que tenía la particularidad de estar maduro por dentro cuando desde el exterior parecía casi verde. Decían que había que mirarle el culo al tomate para ver si estaba bueno, pues si podías ver una cruz totalmente definida, el tomate ya estaba para cortar. Duro, áspero pero dulce, como si se tratase de una respuesta a ese maltrato que le proporcionaba de manera natural su entorno extremadamente salino. Todo eso para decir que era un tomate genial y muy de Almería, como las salinas de Cabo de Gata.
La verdad del tomate raf es otra muy distinta, pues se trata de un semilla modificada y su nombre, de hecho, significa Resistente al Fusarium. Pese a todo, aquella historia me pareció digna de una leyenda urbana que podía ser transmitida y, de hecho, así lo hice con varios de mis amigos. Y la verdad algunos se la creyeron como a mi me gusta creerla.
Uno de ellos, de esos amigos, me escribía la siguiente pregunta hace un par de semanas: ¿Qué pasó con el raf de Almería?
Hace ya varios años éste como otros amigos de fuera me encargaban comprarles raf y enviárselos por mensajería. Luego aparecieron las primeras webs de venta directa y finalmente, hasta las propias fruterías tienen servicios de envío por mensajería. No todas, pero algunas sí se han puesto las pilas. Al principio hubo que luchar con el raf murciano, que nada tiene que ver con el almeriense, pero el problema es cuando tienes que luchar contra ti mismo, en tu propio territorio. Dicho de otra manera, no hay mayor enemigo del Raf de Almería que la propia ansiedad de algunos elementos por ser los que más y más barato producen un producto que era caro y escaso.
Ni con patas de colores, ni con coronas reales, el raf, como le contesté a mi amigo por correo: ¡se fue a la mierda desde que lo compráis los de Madrid!
Lo bueno, hace unos dos o tres años, es que comprabas raf de uno u otro proveedor y podían ser buenos o buenísimos, y realmente eran muy parecidos.
Ahora hasta son bonitos, uniformes y, como casi todos los tomates, sin sabor alguno y terriblemente acuosos. El problema no es que esa percepción la tengamos en Almería, sino que está trascendiendo con una velocidad mayor de lo que podemos imaginar y si algo tenemos que tener muy presente es que una buena imagen puede costar una vida y media construirla, pero hacerla caer a lo más bajo de cualquier escala de valoración puede ser cuestión de semanas.
Y lo peor de todo, creo que está sucediendo.
Estoy seguro de que muchos dirán que opiniones como ésta, la mía, no ayudan en nada, pero puede que alguien se de cuenta de que entre gente cabal puede tener, perfectamente, el efecto contrario.
El resumen de todo lo dicho es el de siempre, que no podemos ser nuestro peor enemigo y si el raf era un baluarte que tiraba de toda una familia de productos de la huerta almeriense, como lo fue aquella sandía de verano sabrosa y jugosa extinta de antaño, deberíamos protegerlo como lo que es o era, es decir, algo excepcional y no lo que compras ahora en cualquier lugar.