domingo. 21.04.2024

Mientras buena parte de España se echa las manos a la cabeza porque Bildu gobierna en el Ayuntamiento de Pamplona, además de en otros 150 ayuntamientos aproximadamente de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y la misma Nafarroa, frente a 2 en los que gobierna PP y 0 de Vox, que son los grandes instigadores de esta pretendida crisis nacional que se va a generar estos días, sería bueno que empezásemos a ver mensajes donde los hay, y no fantasmas donde no los hay.

Hay un momento de estos días que para mí es especialmente importante, como analista de lo cotidiano, y es precisamente la respuesta que se dio el pasado 25 de diciembre, día de Navidad, desde los diferentes partidos políticos al mensaje de Felipe VI, Rey de España. Para unos fue excelente, para otros intrascendente, y para el resto sencillamente el mensaje a comentar para salir en la foto de ese día. Pero hubo una fuerza política, Bildu, que sencillamente dijo que por principios no valorarían algo en lo que no creen.

Y esa negativa a valorar tiene más peso específico que las palmaditas en la espalda que puedan venir de la derecha o los obvios reproches de nacionalistas o republicanos. En cierta medida, como partido político están superando la etapa que formaciones como Ciudadanos, Vox, CUP en Cataluña e incluso Podemos, no han sabido asentar. Y me explico. Un partido nace del apoyo de gente de la calle que con sus votos compra un mensaje que otros partidos han dejado de transmitir. En su caso es muy local y específico, nacionalismo desde la izquierda, pero dentro de las reglas de juego constitucionales, para decirle a la gente que tienen derechos y que hay una clase política predominante que vive más preocupada de su statu quo que de los logros que puedan ofrecer a su electorado que, también, es muy particular porque su concepto de intereses estatales se ciñe a su territorio histórico e ideológico.

En ese marco han conseguido éxitos electorales comparables a los que Ciudadanos, Vox, CUP o Podemos consiguieron en el ámbito nacional, pero estos tres partidos han caído tras tocar el techo del poder. No han sabido gestionar su éxito al interpretar que era gracias a las personas, y no a las ideas.

No se han adaptado y ello ha derivado en declives electorales e incluso inminentes desapariciones.

No valorar el discurso del Rey en Navidad es lanzar el mensaje a su gente de que esa no es su guerra, no es una parte de su camino y no tienen por qué ser un figurante más de todas las funciones. Y eso, sencillamente, fideliza aún más a su electorado y atrae al indeciso hacia ese lugar en el que les hablan de lo que les importa.

Está claro que si alguien ha llegado a leer hasta aquí ya se habrá preguntado al menos tres veces ¿Cuándo va a hablar este impresentable de ETA? Pues sigan esperando un poco.

Durante más de treinta años he pasado largas temporadas en Euskadi. He vivido en directo la época de luchas callejeras, familiares de presos en las plazas, el odio de unos, el miedo de otros… el rechazo de todos. Nadie que no viva o ha vivido allí tiene base alguna para opinar alegremente sobre cómo curan sus heridas, que son muchas y profundas, pero lo van haciendo. Y puestos a opinar también hay que escuchar e intentar entender, pero aún si no se comparte el resultado de ese proceso, no puedes dar la espalda a lo que esa mayoría, su mayoría, decide sobre cómo deben ser los procesos, sobre cómo dibujar su realidad. Y volvemos a los datos del principio sobre la realidad en Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y la misma Nafarroa: 0 ayuntamientos gobernados por Vox, 2 PP y unos 150 Bildu. Y ahora, Pamplona también. 

Y eso es lo que podemos esperar de 2024, mayorías de marco democrático. Las mismas que dan el gobierno al PP y VOX en Extremadura, Castilla León, Valencia, Murcia o Baleares, en incluso en Garrucha, un pequeño pueblo costero de Almería donde Gobierna el PP en coalición con disidentes de Podemos, Vox e Independientes, que es como la Pamplona del Sur pero en plan heavy.

Que no se trata de mirar hacia otro lado, sino de mirar al frente, porque fantasmas los tienen todos en sus respectivos pasados.

Qué esperar de 2024
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