Lo peor en 50 años de democracia ¿de verdad?

Javier Salvador es periodista y abogado

Los comerciantes de la Plaza de Pavía dicen que la alcaldesa de Almería es lo peor que les ha pasado en 50 años de democracia. La definición surgió en plena reunión sobre qué hacer ante una situación que entienden como extrema y mientras se evaluaba el trato recibido desde los años de Santiago Martínez Cabrejas a la actual alcaldesa, la hija de la senadora Agüero. Alguien, con cierta sorna, apuntaba que está consiguiendo hacer bueno al mismísimo Juan Megino, porque están convencidos de que le ganará en soberbia y monumental cagada con el Paseo de Almería. Ahí, por ahora, no voy a entrar.

Lo que sí me llama la atención es que, cada vez con más frecuencia, se empiezan a ver, sin ningún tipo de complejos, comportamientos que vienen a tumbar lo realmente conseguido en 50 años de democracia (1975/2025). Aflora el racismo, la xenofobia, la intolerancia, retrocesos en la igualdad de género, desprecio a la memoria histórica intentando blanquear una dictadura cuyos crímenes tapiaron los padres de la transición con una amnistía… No. No es Almería. Realmente estamos en el peor momento en 50 años de democracia, viviendo una crisis promovida por los mismos que ya provocaron una guerra civil aquí una mundial allí. Ojo con las ultras derechas, los totalitarismos y las limpiezas étnicas. Que la historia se repite.Los ayuntamientos y autonomías han abandonado su papel de gestores para convertirse en actores de la actualidad política, dando más importancia a los “me gusta” de sus anuncios en redes sociales que a los verdaderos pesares de sus vecinos.

Creen que con decir que la culpa es de Pedro Sánchez, o insultarle públicamente utilizando a los ultras de los campos de fútbol, ya han cubierto el expediente. Mientras tanto, se les queman los bosques, se caen los mercados y los jóvenes se van al extranjero, no ya en busca de trabajo, sino de una armonía que les permita ganar calidad de vida psicológica. Porque sí, esto es un puto país de grillos.

Yo soy de los que creen que las guerras se ganan batalla a batalla, y la de la Plaza de Pavía me parece una buena causa. Una causa de ciudad, no de un solo barrio. De todos y no de unos pocos, porque la soberbia institucional empieza por no hacer caso a un barrio y termina por duplicar el precio de la basura, el agua y lo que venga después, precisamente para pagar entre todos los platos que ellos mismos han roto.

Almería es hoy un desastre de gestión. Todo se arregla a golpe de tasa, de subida de impuestos y de fotos en Instagram. Y ya está bien: a la derecha se la vota para que baje los impuestos y a la izquierda para que genere empleo, pero una de las dos partes no está cumpliendo con su cometido. Adivina.