“Operación abuelo”, acabar con Amat

Javier A. Salvador, @teleprensa

A todo aquel que lo busca le llega su San Martín, y tanto Gabriel Amat como Javier Aureliano García, presidente y secretario provincial el PP en Almería parece que se han ganado a pulso su propia festividad del sacrificio, llevados al matadero político por esos a los que ellos mismos han situado estratégicamente para mantener su hegemonía y sin percatarse de que estaban construyendo un gigante con pies de barro. El problema al que se enfrentan los dos mandatarios de los populares en Almería es que, sencillamente, han descubierto de la noche a la mañana que no tienen apoyos suficientes ni para ganar unas primarias con solvencia. Primero porque los afiliados les han dado la espalda y apenas el 6% se ha inscrito para votar a la candidata que ellos proponían, y en segundo lugar porque de esos que se han inscrito la mitad le ha puesto los cuernos.

La batalla por la sucesión de Rajoy ha provocado justo lo que no querían que sucediese pero que, de otro lado, era un secreto a voces que terminaría ocurriendo. Cansados de esperar el relevo, los que ahora tienen cargos intermedios, de esos que el comité electoral de Juan José Matarí puede sacar de las listas en cualquier momento, ya no se fían de nadie y buscan su propio espacio de seguridad para seguir en lo público. Llegar a ese objetivo implica quitar a los que ya están ahí, así que la guerra está servida.

Empezando porque es muy posible que Rafel Hernando ya no sea más el cabeza de lista por Almería, y dicen que a petición propia, los que aquí quedan se preguntan porqué tienen que haber incuestionables como Juan José Matarí o los que él y Amat decidan que irán en las grandes listas del Congreso y Senado. Por qué tienen que ser perpetuos perfiles como Luis Rogelio Rodríguez o peor aún, Eugenio Gonzálvez, famoso en el mundo entero por su “que trabajen los gilipollas”. Pues parece que los gilipollas se han puesto las pilas y quieren licenciar a la vieja guardia del Partido Popular en una maniobra que entre risas nerviosas llaman “operación abuelo”, y que tiene por objetivo principal jubilar a Gabriel Amat, que además de decenas de causas judicial abiertas y en instrucción, atesora los cargos de alcalde de Roquetas de Mar, presidente de la Diputación Provincial y del Partido Popular de Almería.

El problema de esa renovación es que, a día de hoy, lo único que cambiarían serían las fechas de nacimiento de los nuevos líderes que se postulan, porque de renovación de ideas no se ha dicho nada aún. De todos los que optan ninguno de ellos ha tenido carrera fuera de la política, y es más, la mayor parte del grupo crítico comenzaron como asesores o concejales de confianza de esos a los que ahora mismo quieren eliminar de las listas.

Dejando a un lado las ambiciones de cada uno, lo que sí queda claro es que el trabajo orgánico de partido hecho durante estos últimos años ha sacado el más absoluto suspenso, y resulta extraño porque quienes debían ejecutar esas tareas sí que han tenido tiempo para sacar sus carreras de derecho o ciencias políticas con muy buenas calificaciones. Dicho esto, tontos no son, salvo que se hayan hecho lo que a día de hoy ya conocemos como “un Cifuentes”. Al PP de Almería le han dado la espalda los principales feudos conservadores, es decir, capital y comarca de Poniente, de ahí que Soraya casi gana la provincia entera, pese a no contar con el apoyo de un Juan José Matarí que daba por seguro que tanto él como su presidente sacarían nota en el examen de las primarias a favor de Cospedal. Y no, no fue así. De hecho, muchos de los compromisarios que ellos mismos han conseguido meter en las listas ya se apuntan al carro de Soraya y no porque no vean en Pablo Casado una alternativa viable, sino porque Javier Arenas y Juanma Moreno han movilizado como nunca a esos que pese a tener cargo estaban muy descontentos por encontrar una forma de romper el techo que les habían impuesto. Como si los dos aludidos no tuviesen nada que ver en ello.