No valen los ecologistas al 52%

Javier A. Salvador, teleprensa.es

Pocos medios han publicado tanto y de tantas fuentes distintas respecto al hotel Algarrobico de Carboneras como Teleprensa. Como vecino de esta provincia, soy el primero al que le hace daño a la vista, el que más sospechó por la reputación requeterreputa de algunos de los nombres ligados al conflicto en aquella época, de sus vinculaciones políticas de entonces y de ahora, que ni mucho se centraron en Carboneras o son ajenas a la capital de hoy día. Y claro, no creo que a nadie se le ocurra mover un ladrillo sin hacer antes limpieza entre aquellos que estaban, por ejemplo, en ese momento en la Comisión Provincial de Urbanismo o sacar de las administraciones públicas a los hijos o allegados de éstos que aún hoy ocupan puestos de asesores. Para que se hagan una idea aquellos que no son de Almería, tengan como aperitivo que el Abogado del Estado de la época está hoy suspendido de empleo y sueldo, imputado por una estafa tan rocambolesca que no vale ni para el cine porque el público perdería el hilo del guión a cada paso.

Pero el problema de Algarrobico es que, aunque aberrante, la licencia es legal, tardaron años en sacarla adelante y en todo ese tiempo nadie dijo nada.

No me valen los grupos ecologistas que ahora hablan de querellarse contra jueces porque no les dan la razón o que alargan procesos de manera interminable. No me gusta, sencillamente, que se utilice la justicia gratuita de una forma tan desleal con el resto, porque ello ha sido lo que ha llevado a que hoy todos tengamos que pagar tasas que no son justas.

Pero no voy a hablar de Algarrobico, porque con todo el dolor de mi corazón debería abrirse para vergüenza mayor de todos, ya que el verdadero problema del hotel es que es feo. Sencillamente. Y para más guasa cuatro metros más allá hay chalets privados aún más cerca de la orilla. A penas a tres kilómetros más al este, hay una urbanización con construcciones en la misma arena, como un club de playa que inauguraron una enorme lista de políticos que hoy siguen en sus cargos.

Pero para tocar verdaderamente las pelotas, para hablar de justicia en el Parque Natural, miremos también los chalets que hay en la mismísima cala de Las Sirenas, del mismo parque natural que Algarrobico. Veamos también porqué hay casas en San José, también parque natural, que están en dominio público. Que les digan a los dueños de los chalets de Cala Higuera, de la Punta del Plomo o de otros lugares similares, que hay que tirar sus casas. Pero claro, entre jueces, exdirectores generales, médicos más o menos famosillos a los que alguien deberá favores, la cosa no está clara ni para los grupos ecologistas.

Vamos a ver, que en Almería hay edificios enteros en dominio público, a menos de tres kilómetros de las sedes de la Jun, Estado o Fiscalía. Que sí, que están en El Palmer, y aún no he visto una zodiac, una bandera negra y a nadie decir, por lo menos, el 50% de lo que se ha dicho de Algarrobico, que al menos iba a generar empleo en un pueblo que lo necesita con urgencia.

Amo mi tierra y su litoral, como casi todo almeriense que conozco. Ni mucho menos pienso que los promotores de Algarrobico sean unos angelitos ni tan siquiera víctimas de nadie ni de nada, porque aquí las únicas víctimas directas que están sufriendo lo indecible con el dichoso hotel son los vecinos de Carboneras y esos, precisamente, son los que menos culpa tienen en todo este embrollo.

Que tiren Algarrobico, pero al mismo tiempo que tiren lo construido en dominio público y se inicie la recuperación del suelo ocupado por enormes chalets particulares en los acantilados del Parque Natural de Cabo de Gata Níjar y eso, lamentablemente, sería lo justo. Y si no me creen tiren de google maps y viajen por la costa del parque, desde el faro hasta Mojácar. Verán la de sorpresas que se van a llevar, y si conociesen los nombres de los propietarios aún más.

¿Por qué los grupos ecologistas no le ponen nombre a esos propietarios?

Les aseguro que yo los publicaría todos, al 100%. Denuncias al 30, 40 o 52%, como que no me gusta mucho.