Ni una teta menos
Te puedes pasar la vida asistiendo a tormentas de ideas para generar una frase, un lema, un eje de motivación. Por ejemplo, fue brillante el Yes, we can de Obama, el Sí se puede que luego copió Podemos para aplicarlo en España y que también les dio un resultado increíble.
El lema es lo que mueve, lo que hace saltar ese estímulo que pone nuestra mente a funcionar y, con ello, al cuerpo a generar toda esa serie de sustancias que, sencillamente, nos ponen a tono. Y ese tono puede ser de euforia o, como en el caso del que hoy hablamos, de sensibilización.
Esa persona que escribió en una cartulina #NiUnaTetaMenos ideó un mensaje tan claro y directo para todas y cada una de las mujeres de Andalucía que le ha lanzado un misil a la línea de flotación del PP andaluz. La sacudida es de tal proporción que la sala de máquinas de los populares está descompuesta; no dan con la tecla, porque sencillamente está en un registro que son incapaces de interpretar. Y la última hostia que podían darse era la de señalar a la asociación AMAMA como un nido de rojas a las que solo les ha faltado calificar también como lesbianas y feministas sin salvación alguna que, además, irán al infierno.
Ni una teta menos es un mensaje que puede darle un vuelco a unas elecciones en unas proporciones que no somos capaces de imaginar. Por ejemplo, tengamos en cuenta que en los últimos comicios votaron válidamente 3.686.377 andaluces —¿entiendo, verdad?—. Pues en Andalucía hay casi 4,5 millones de mujeres. De ellas, 2,8 millones tienen entre 25 y 75 años; es decir, o tienen una madre o una hija en el arco de los 45 a los 65. Ese último segmento está absolutamente acojonado —y con razón—, viéndose como, de sus males, el menor sería quedarse con una teta menos, por culpa de un hijo de puta, o de un par de ellos, o de unos cuantos que se han embolsado una pasta gansa en un contrato público. De esas, solo un 8 %, unas 224.000, serían capaces de mirar hacia otro lado, decir que aquí no ha pasado nada y que les da igual lo que se descubra porque su intención de voto es inquebrantable.
Si aparece en alguna parte que el SAS subcontrató el modelo de atención con una empresa que le proporcionaba la herramienta —el sistema japonés, por poner un ejemplo—, y que esta, a su vez, contrató a otra empresa local para que llevase a cabo el trabajo, siendo esta participada por alguien “de o afín” al PP o a uno de sus altos cargos, que sencillamente hagan las maletas. Bueno, y sería buenísimo que, además, estuviese por medio la empresa implicada en el caso del novio de Ayuso. Entonces sí que es verdad que apaga y vámonos.
Y antes de soltar otra barbaridad desde la Junta contra nadie más, lo primero es recordar aquello de la primera epístola de Pedro, eso sobre soportar una calamidad, no sea que te venga otra mayor… Y tiene pinta.