miércoles. 12.06.2024

Recuerdo perfectamente el mes de mayo de 2012, momento en el que Bankia cayó y con ella los sueños de jubilación holgada de miles de pequeños ahorradores. El total de aquel despropósito que capitaneaba el gran gurú económico y aspirante a la presidencia del Gobierno de España por el PP, antes de sus constantes entradas y salidas de la prisión, el insigne Rodrigo Rato, le costó a todos los españoles la friolera de 22.500 millones de euros de rescate con dinero público. Por aquel entonces un modesto armador de barcos pesqueros me paraba en mitad de una calle para contarme la sinvergonzonería que le habían hecho con sus ahorros, pues la broma le había costado buena parte del dinero que había ahorrado durante muchos años de trabajo. Tampoco es que fuese una persona muy hábil a la hora de seleccionar sus inversiones, porque unos años antes ya se había pegado otro batacazo con Banesto. Pero el hecho coincidente de ambos episodios en los que fue víctima de pseudo estafas era su fuerte convicción política conservadora. Seguía a pies puntillas todo aquello que oliese a su partido de cabecera AP y luego PP, y no olvidemos que antes de que Conde emprendiese su huida hacia adelante montando su propia formación política, era sin duda el hombre que todos querían ver al frente del Partido Popular.

Hace unos días volví a ver a ese armador. Ya con andador, asistido por un joven que le llega de esa ley de dependencia que aprobó el gobierno de Zapatero, otro de los supuestos grandes males de España, y ahora, años después, todos reconocen con la cabeza gacha y casi sintiendo vergüenza ajena que no hay persona con la que más injusta a ha podido ser una nación. Pero siempre ha sido igual. La estrategia es muy básica porque no hay mucha masa gris en quien no quiere entender. Primero fue el márchese señor González, luego aquello de la culpa la tiene Zapatero y ahora, en 2023, resulta que hay que derogar el sanchismo.

Estoy seguro de que ese anciano ex pequeño empresario, volverá a votar PP, puede que incluso a Vox, pero ¿se acordará de Bankia? ¿Y de Rodrigo Rato y la casa que lo parió?

Hay que recordar para tener presentes las consecuencias de lo que uno vota en unas urnas, porque la memoria histórica no es sólo sacar cadáveres de las fosas comunes para reparar a las víctimas del mayor atentado jamás cometido contra todos los españoles, el golpe de estado fallido de 1936 que automáticamente se convirtió en guerra civil, y que causó más víctimas, dolor y retraso que cualquier grupo terrorista o la suma de todos ellos. La memoria nos llama a no olvidar las cosas que no podemos permitirnos que vuelvan a pasar, ya se llamen Rato, bigotes, Gürtel, Yak-42 y tantas y tantos otros episodios que no se pueden pasar por alto, ni permitir que se nos cuelen por debajo.

Nadie se acuerda de Bankia
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