Ministro de Hacienda o marujón Montoro
Javier A. Salvador, periodista
Puedo entender que para muchos resulte gracioso, y hasta de chiste, ver al tal Montoro, ministro de Hacienda de España, en la tribuna de oradores del Congreso con los brazos en jarras, moviendo las orejillas de un lado a otro mientras cuenta una intimidad de despacho, de esas que sólo puedes esperar escuchar a la típica marujona de café con sacarina y tostada de sobrasada con queso, que tras dejar en el cole a los peques tiene como calentamiento diario despellejar a la pija que lleva modelito distinto every day para acompañar a sus vástagos al mismo cole público que los demás.
El problema es que el tal Montoro no es una mujer aburrida de sus tareas domésticas, con mis más sinceros respetos a todas ellas, respeto que no tiene de mi parte el ministro de Hacienda desde hoy. Ese tipo de aspecto extraño aún no se ha enterado de que su función es que la administración recaudatoria funcione bien, con equidad y transparencia, y que no es la reencarnación de una nueva Santa Inquisición con la que el PP tiene patente de corso para ajustarle las cuentas a todos los rojos con los que tiene alguna deuda pendiente.
Basta ya!
Lo que milagrosamente no han logrado el extesorero Bárcernas o José Ignacio Wert, ministro de Educación y Cultura y Deporte, lo va a lograr el gollum del gobierno de Rajoy, y no es otra cosa que poner a todo el mundo de acuerdo para salir a la calle y decirle a las claras, desde las plazas, que se marchen todos, que lo dejen, que no terminen la legislatura, porque ni tan siquiera una mayoría absoluta proporciona tanto poder como para contar los secretos de alcoba.
¿Y si todos nos ponemos a contar secretos? Yo, por ejemplo, personalmente he estado presente mientras un ministro liquidaba de un plumazo una deuda millonaria con la seguridad social. Y no es un farol, y no siempre me he dedicado únicamente al periodismo. ¿Creen que tengo el mínimo derecho a decir qué ministro fue o quiénes fueron los beneficiados?
Hay ciertas reglas que se han roto y ya no se trata de que sea precisamente un medio de comunicación el aludido por el ministro cuando dice que todo el caso Cemex, esos que debían de pagar cientos de millones de euros de multa y a los que se les rebaja hasta 14 o 15 millones, qué mas da lo que tienen que pagar, no es más que una medida de presión por los problemas fiscales de esos medios de publican las informaciones. Que sea un medio de comunicación no es lo que me cabrea, porque lo crean a o no, el sector menos corporativista y más mercenario es precisamente éste, el mass media. Se trata de la confidencialidad que debe existir entre administración y administrados en la gestión de sus asuntos y más aún cuanto más alta es la responsabilidad que desde la administración se desempeña.
En un país medianamente serio el ministro Montoro sería desde hoy el ex ministro, aquel que fue destituido por desvelar información que no debió salir nunca del ministerio. Pero no es así y precisamente por ello, porque las cosas no se hacen con la mínima lógica que se esperaba de aquellos en los que se confió masivamente para gobernar, no queda otra solución que llamar a la movilización para que se vayan, para que no nos frían más a impuestos selectivos, para que no se carguen más de lo que tanto tiempo se ha tardado en construir, para no seguir retrocediendo, para generar un mínimo de esperanza, para seguir teniendo ganas de vivir aquí y no coger el primer barco rumbo a cualquier país que de asilo político. Para todo ello es para lo que hay que movilizarse y que nos metan por donde nos quepa a todos los españoles su nueva ley de seguridad ciudadana, que va siendo hora de estrenarla.