martes 26/10/21
Javier Salvador, teleprensa.com (*)

Miedo al techo de cristal roto

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

Las cosas no van bien para la derecha ideológica, y ya no se trata de que no sepan si están en Vox o PP, de no entender que no se puede estar en ambos lugares a la vez, sino que empiezan a verse a amenazados por perfiles emergentes desde la izquierda y “lo peor de todo ¡Son mujeres!”

Es como si les hubiesen dicho eso de que tienen que elegir entre susto o muerte y no tienen claro por dónde tirar, pero el estado de nerviosismo es tal, que tratan de movilizar a todos sus apóstoles locales para intentar criticar cualquier acción que pueda acometer cualquiera de esas mujeres que, muy descaradamente, -permítanme la ironía- se atreven a hasta a hacer política.

Ya no se trata de que perfiles nacionales como Nadia Calviño, Yolanda Díaz o Teresa Rivero, las tres vicepresidentas del Gobierno de España, tengan embelesados a unos y otros, a los lobbies con los que siempre ha contado tradicionalmente la derecha y que ahora les dicen eso de, “esperar, que les vamos a dar una oportunidad”. El miedo va mucho más allá, porque desde que la sociedad ha descubierto que una alcaldesa de un pueblo como Puerto Llano o Gandía puede pasar a ser ministra de la noche a la mañana, y además con éxito, se ha generado una especie de virus benigno que es algo así como una llamada general a romper techos de cristal.

El descaro con el que alcaldesas de pueblos que hasta ahora no contaban sean los referentes políticos provinciales sin haber asumido, aún, cargo orgánico alguno. Diputadas nacionales que durante años han permanecido en silencio y que ahora se suben a la tribuna del congreso para dar soberanos repasos a la oposición, empiezan a llenar ya no huecos, sino enormes espacios, en las redes sociales. 

Sólo por destacar son objeto de críticas de lo más machista, variopinto y falsedades, pero esas reacciones no son más que los síntomas del miedo.

Que medios de comunicación vinculados en los últimos años con la derecha ideológica desmientan informaciones, de manera tajante y rotunda, después de que los abuelos de la derecha intenten generar estos de opinión basados en trolas sobre ellas, es un paso que les aseguro no espera ver con mis ojos.

Pero la verdad es que las grandes empresas prefieren tratar con alcaldesas, aunque sean primeras ediles de pueblos ínfimos, a hacerlo con machirulos casi convertidos en caciques comarcales de la política. Y eso ha roto todo un panorama demasiado estable, la supuesta homogeneidad del hombre en la política.

Pero voy a dar un paso más. Si hoy hiciésemos una encuesta preguntando únicamente si se prefiere un presidente o una presidenta del Gobierno para España en el corto o medio plazo, me temo que ganarían ellas y por goleada, pero claro ¿quién pone la encuesta en la calle?

Parece evidente que el siguiente país tras Reino Unido, Alemania, Chile, Argentina o Dinamarca entre otros, va a ser Francia, y eso enfurece más a ese arco conservador muy español que, encima, no tienen más cojones que comerse a Pablo Casado, con su carrera de derecho exprés y su máster o másteres de aquella manera, como líder de su partido o como lo quieran llamar.

Todos, en mayor o menor medida, recibimos diariamente enormes cadenas de mensajes en whatsapp o cualquier otra red social en la que, lo más normal, es que despellejen a alguien, y si es mujer con más inquina. Los voceros más activos suelen ser jubilados que han tenido algún peso local, en algún momento de sus trayectorias profesionales, y por ello creen que les sigue una especial cohorte de apóstoles que aplauden sus intervenciones en tertulias, parrafadas de salvapatrias y otras manías de los desocupados. Pero no. La verdad es que se ríen despiadadamente de ellos porque son la punta del iceberg a ese miedo que invade a la derecha y que les hace temer que las mujeres están más cerca del poder.

Olé por ellas.

(*) Periodista, Spin Doctor, Consultor en Comunicación y Marketing Estratégico ([email protected])

Miedo al techo de cristal roto
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