lunes 12/4/21
Javier Salvador, teleprensa.com (*)

Menos ruido y mejor enseñanza

Nos lanzamos a la calle contra una ley sin haber leído ni tan siquiera el enunciado
Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, periodista

Les voy a poner el caso de una chica de poco más de veinte años. Nacionalidad española, almeriense pero con padres que por razones laborales han tenido que pasar los últimos años en otro país europeo. Y les voy a contar esa historia para que puedan tener más material para decidir si defender la educación es ponerse un lazo naranja en el pecho y una bandera de España en la ventanilla del coche, o igual sería mejor sacar un látigo del color que sea para decir a las claras que, como manada de borregos, sencillamente nos están tomando el pelo.

Mi chica ejemplo acaba de terminar sus estudios, no les digo en qué se ha graduado porque sencillamente no quiero deprimir aún más a nadie en estos tiempos tan difíciles. Pero en su periplo de colegio e instituto, además de la formación académica necesaria para cumplir con esos ratios europeos a los que ni nos acercamos, ha terminado hablando francés, inglés y alemán como idiomas adicionales a su nativo español. Pero ojo, que los habla, los escribe y los tiene en su currículum sin necesidad de pagar carísimos exámenes de B1, B2, C1, C2 y todas esas cosas que aquí estamos acostumbrados a padecer, porque van en el paquete de su formación. Es decir, aquí si no hay certificado no eres nadie, y allí sencillamente te hacen hablar, comprender, utilizar y dominar. Imagino que entenderán la diferencia.

En sus colegios ha tenido formación musical y todo lo necesario para que, ojo al dato, cuando llegase a su casa sencillamente viviese, disfrutase de su familia y de su tiempo libre, porque allí entienden que una jornada laboral de ocho horas es más que suficiente para un niño. Es decir que, además, sus padres no vivían esa vorágine de sobreactividad que supone recoger del autobús para llevar al conservatorio cuando no toca inglés, danza, judo o cualquier otra perroflautada que se nos ocurra a los progenitores.

Pero nuestro problema como país resulta que no es acercarnos a esos modelos. Nos lanzamos a la calle contra una ley sin haber leído ni tan siquiera el enunciado porque en el colegio de los niños nos han dicho que con esta norma les van a meter moros, gitanos y gentes de barrios pobres en las mismas aulas que las de sus hijos. Y claro, por ahí no pasa la pijo España que quiere los mismos servicios que un privado, pero pagado por lo público.

Dicho de otra manera. El dinero público no está para seleccionar, separar y crear clases. No está para generar diferencias, porque esas quien las quiera que las pague.

Y ahora me dicen, de verdad, si es o no un cachondeo el modelo de selección de alumnos en la concertada española, que particularmente me da igual, pero lo que sí me importa es invertir y que luego no luzca. Ese si es un problema.

(*) Periodista, consultor en comunicación y marketing estratégico ([email protected])

Menos ruido y mejor enseñanza
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