Menos regeneración y más sentido común
Soy de los primeros que entiende que algo hay que hacer para que esta profesión de periodista recupere aquella credibilidad y peso que antaño tenía. Se cobraba una mierda, como ahora, pero existía una especie de acuerdo con el lector por el que le garantizabas de alguna manera que podía fiarse de lo que leyese en tu periódico. La historia era que con más o menos literatura, de una manera más o menos sensacionalista, los datos eran los mismos bajo uno u otro estilo y, por tanto, la verdad era una. Única.
Desapareció la publicidad, y aquello acabó. En buena medida fue con la llegada de internet a finales de los noventa y primer quinquenio de los 2000. No obstante, en aquellos años el sector inmobiliario tiraba de los medios, incluso usó su influencia para promover grandes operaciones de suelo, así que todo cambió realmente con la crisis de 2008. Ahí sí desapareció la publicidad privada. Los medios dependieron de la publicidad institucional y, sobrevivir, tenía un coste.
Siempre reconoceré, y de ahí mi cambio de opinión política, que jamás he recibido de la izquierda las condiciones que me han intentado poner desde la derecha para recibir publicidad institucional. Si hubiese sido inteligente hubiese tragado, pero bueno, ya nos conocemos.
El caso es que devolver a la normalidad el panorama de los medios de comunicación no es cuestión de nuevas leyes, sino de hacer cumplir las que ya existen. En Almería, por ejemplo, la mayor parte de las emisoras de radio que han sido creadas con apoyo de la derecha, como trincheras desde las que disparar al adversario, son sencillamente ilegales. No pueden emitir, no pueden ocupar espacio en el dial que casualmente es tan dominio público como la orilla de la playa. Ponerles publicidad institucional a esas emisoras de radio es, ni más ni menos, que un acto de prevaricación por parte de aquel funcionario que supervise el contrato menor público y firme la factura ¿Y por qué nadie denuncia? Muy sencillo. La justicia es cara, y si quieres emprender ese tipo de cruzadas o tienes mucha pasta para pagar abogados o te armas de paciencia y estudias derecho y defiendes tus propios asuntos. Recuperar la dignidad robada, que podría llamarse.
Pero nos sólo es una cuestión de radios ilegales o de iniciar un proceso administrativo para poder llegar poco después al ámbito judicial. Los medios de comunicación normales, y éste está en la red desde 2003, sabemos perfectamente que será responsabilidad nuestra todo aquello que publiquemos. Sabemos que responderemos con nuestro patrimonio personal si fuese necesario. Pero luego están esos nuevos medios o perfiles que son sencillamente pseudónimos con apariencia de medios de comunicación. Puros fantasmas sin oficio ni beneficio. Sin bienes, y en muchos casos sin nadie detrás de perfiles totalmente falsos. Pero esto no es nuevo, que fue un filósofo alemán llamado Schopenhauer, fallecido hace nada más que 164 años, quien dejó escrito aquello de que la libertad de imprenta debería comportar la prohibición absoluta del anonimato.
Y es ahí donde sí tiene que existir sentido común. Una radio es una mierda en el aire si no tienes perfiles en redes sociales en los que promover esos contenidos. Es el mix lo que hace interesante el producto y, por tanto, el medio de comunicación es la red social. Sólo en el momento que Facebook, Tiktok, Youtube, X o Instagram tengan que pagar como responsables civiles subsidiarios por una injuria, calumnia o intromisión en el honor de terceros, que son las señas de identidad de una noticia falsa difundida y potenciada por alguna de estas redes, se producirá esa mágica y automática vuelta al sentido común. Si ellos cierran la puerta por miedo al coste, entonces sí que se acabó la fiesta.