miércoles 28/10/20

Estos malditos jóvenes

Es asombrosa la facilidad con la que hemos decidido que los jóvenes, los estudiantes, son casi los únicos responsables de los rebrotes de Covid por su forma de socializar, de juntarse, relacionarse y, en definitiva, armarla cada fin de semana. Es mas, hemos decidido cargar tanto las tintas, todos en general, y algunos informativos televisivos en particular, que no nos damos cuenta de que quienes la estamos armando somos nosotros mismos, y que por si fuese poco lo que ya tenemos encima, vamos a provocar un enorme distanciamiento generacional, y casi hasta una especie de jovenzuelofobia.

Verán. Cuando se cargan mucho las tintas sobre algo, sobre un grupo concreto, al final ese exceso de información satura y termina generando bandos. Los que están muy a favor y los que se sitúan muy en contra. 

Les voy a poner algunos de esos ejemplos que duelen.

Durante años hemos señalado tanto y tan despectivamente a los catalanes que, muy lejos de hacerles recapacitar para integrarse con el conjunto de la sociedad española o viceversa, casi que hemos provocado que el cruce normal de saludos entre alguien que se considere muy español y otro que sea muy catalán sea una peineta al estilo Luis Bárcenas (PP encarcelado).

Y como algunos estarán ya con las manos en la cabeza sobre esta bárbara comparación, voy a poner otro ejemplo: Madrid. 

Lejos de despertar dosis de solidaridad con la capital del reino, su gestión de la actual pandemia ha llevado a que el mayor deseo de todos los españoles es que se recuperen cuanto antes, pero que lo hagan allí. Vamos, que si pudiésemos levantar el muro de Trump rodeando Madrid no creo que hubiese mucha oposición. Es decir, ya tenemos madrileñofobia, que no es muy distinta de la catalanofobia.

Estos dos últimos fenómenos tienen una enorme diferencia, que es el momento en el que nacen y cómo se desarrollan. La primera, la catalanofobia fue un duro trabajo, durante mucho tiempo y utilizando medios de comunicación convencionales. Por lo tanto tardó en cuajar pero lo hizo con peso, dejando poso en la gente.

La segunda, la madrileñofobia surge en un momento en el que la comunicación es vía redes sociales, en entornos digitales donde es tan fácil mentir, que el odio se enciende más rápido, más radical y sin necesidad de dar demasiadas explicaciones. Mas o menos como un brote de Covid.

Pues bien. Esas noticias en la tele en las que sólo falta a determinados presentadores ponerse tras una cortinilla como cual vieja del visillo, señalando a los jóvenes que hablan, se juntan y apenas usan mascarillas (casi como en el Congreso de Los Diputados) generan demasiado rechazo hacia ellos. 

Pero cuidado con el efecto boomerang.

Estamos usando información contra el colectivo que mejor maneja los medios actuales de comunicación. Y es importante que diferenciemos esos dos palabros, información y comunicación, porque como les de por tocarnos los huevos como se los estamos tocando a ellos, podemos echarnos a temblar. Vamos, que nos montan una revolución sin necesidad ninguna de salir de sus habitaciones.

Seamos serios. Dejemos de señalar con el dedo y hablemos un poquito más. Pero sobre todo hablemos un poquito mejor, que bastante guerra tenemos ya contra el virus, como para inventarnos ahora una entre generaciones.

Estos malditos jóvenes
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