Lucha por la dignidad en las redes sociales

Javier Salvador es periodista y abogado, con especialización en el ámbito penal del derecho al honor

Vamos a hablar de perfiles falsos en redes sociales, de aquellos que se ocultan tras pseudónimos, de sus efectos y del mal que nos ha hecho —y nos hace— esa pandilla de cobardes que no tienen huevos u ovarios para dar su nombre.

Te pido que compartas estas líneas, que las hagas tuyas si quieres —pues hasta te autorizo a copiar y pegar, que parezcan escritas por ti—, porque esto no va de protagonistas, sino de recuperar el poder de todos, de la democratización de la verdad, de volver a sentir que la mayoría es la que manda, y sin la posibilidad de ser manejada por nadie.

Un perfil bajo un pseudónimo en una red social debería ser ilegal o, por lo menos, tener limitada su posibilidad de interacción en foros, publicaciones o con los algoritmos que hacen que determinados contenidos sean los que triunfen. Trae a tu mente los casos de abusadores de menores, de estafadores en criptomonedas, de ultras que terminan abduciendo a jóvenes con falsas promesas de modelos en los que prosperas sin trabajar. Todos perfiles falsos y bajo pseudónimos cuando no se ocultan tras una mascarilla.

Esto es tan sencillo como tener claro que, o das la cara, o no puedes dedicarte a partir la del prójimo, a insultar, soltar bulos, injurias ni calumnias. Se empieza permitiéndolo como algo gracioso y, al final, te encuentras con que las extremas derechas, izquierdas o cualquier movimiento que sabe que nunca tendrá posibilidad de gobernar por sí solo adquiere la suficiente fuerza como para ser llave de gobiernos.

La solución está en nuestras manos. En la tuya y en la mía. Saquemos de nuestros grupos de redamigos —porque los amigos de verdad son con los que compartes mesa, no posts— a los perfiles que actúan con pseudónimo. Salvo que sepas quién es, que lo conozcas personalmente: ¡sácalo de tu vida digital! A esos, los primeros.

Para opinar hay que tener la valentía suficiente para firmar, poner tu foto y aceptar que te puedan criticar tanto como tú mismo seas capaz de hacerlo. Hay que ser capaz de asumir los riesgos y las consecuencias.

Hecho esto, verás cómo, en muy poco tiempo, los mensajes de odio, racistas, extremistas, insultos y, sobre todo, las injurias y calumnias se desvanecen. Desaparecen.

Lo primero es que nadie que no viva de ello se va a arriesgar a una demanda. Lo segundo es que las propias plataformas tomarán parte en ese movimiento por dignificar las redes sociales como medios de comunicación, porque viven de que sus modelos sean estándares. Y lo más importante: porque es la mejor contramedida contra los Trump & Musk.

Si hoy somos capaces de organizarnos para algo tan sencillo como esto —proteger nuestra propia convivencia en las redes sociales y evitar que sean campo abonado de chiflados, estafadores y odiadores profesionales—, mañana seremos capaces de dar la espalda a cualquier país, o a sus productos, por no respetar las reglas de juego comunes. Esas que nos hacen ser una sociedad global que, de vez en cuando, hasta se ayuda; y no un nido de ratas esnifadas que corretean en busca del queso del otro.

Tu nuevo futuro empieza con un click. Desconéctalos.