Los diez mandamientos del buen elector

Javier A. Salvador, teleprensa.com

El voto no debe ser una decisión tomada en caliente y no porque sea el ejercicio más bonito de la democracia, la gran demostración del poder del pueblo y todas esas mariconadas que suenan muy bien pero que nunca nos tomamos enserio por ese hastío que nos genera el modelo político actual. Se trata de entender que una vez que metes la papeleta ya no vas a tener la oportunidad de rectificar. Qué quiere decir todo ello, pues sencillamente que somos rehenes durante cuatro años de lo que tardamos un segundo  en hacer, es decir votar, y por ello les animo a que ese acto conlleve una reflexión amplia y sosegada, porque en las últimas elecciones generales centenares de miles de españoles le votaron a Mariano Rajoy como mero gesto de escupir a la cara de Rodríguez Zapatero, pero claro, no se dieron cuenta de que escupieron hacia arriba y sin moverse de sitio, así que todo su gargajo les volvió a caer encima a los pocos meses ¿Asqueroso verdad? Pues no menos que ver a tanto a político con sobresueldos y fango hasta las cejas.
 
Pero es fácil identificar al que engaña, al falto de moral. Por ejemplo, un político que te venga de ultracatólico, defensor de las familias y tenga primera mujer, segunda esposa, amigas especiales y ligereza de cascos, sencillamente no cuadra. No se trata de que desconfíes del candidato que se las de católico y que esté divorciado, sino de que pidas coherencia con lo que votas y crees que votas. Y vale como primer mandamiento (1).
Yo siempre digo que hay que huir de los programas que prometen grandes infraestructuras que no dependen de los medios con los que cuentas (2). Es decir, el político que sabes que va a cumplir, ese que te garantiza acciones inmediatas que podrá acometer con los medios que le facilite el organismo que gobierne. Ese candidato que llega prometiendo la luna, grandes infraestructuras para las que necesita la ayuda de otras administraciones, sencillamente promete humo, hace castillos en el aire. Por lo menos, pon en duda su programa.


Al hilo de esta idea, siempre aconsejo que se busque a aquellos que tengan claro lo que harán los 100 primeros días (3), porque son los que tienen claro lo que quieren hacer, los que han medido sus capacidades y posibilidades. En el caso de los alcaldes que se presentan a la reelección sencillamente haz la cuenta de las obras hechas en cuatro años y las desarrolladas en los últimos seis meses (4). Si todo se acumula al final de la legislatura sencillamente te están tomando por tonto.


Si alguien te habla de voto útil (5) le puedes contestar preguntándole directamente qué te van a dar cambio. Es decir, si te van a contratar de asesor, dar un trabajo de oficina, una licencia, una subvención. Tu voto les genera a ellos un beneficio económico claro y evidente, por tanto el voto útil es el que ellos mismos meten en la urna, el tuyo es sencillamente instrumental.


Alguien que aspira a liderar una comunidad tiene que ser, sencillamente, más brillante (6) que la media. Exige que realmente lo sea y desconfía de quienes no han hecho nada en el terreno privado o laboral. No te puedes poner en manos de mediocres porque sencillamente son los más corruptibles ya que llegan para hacer caja. No tienen otra cosa.
En este mismo orden de cosas, es muy importante que rechaces a todo aquel a quien puedan acusar de haber colocado a su mujer (7) o allegados antes que a un necesitado. No esperes solidaridad de quien primero piensa en sí mismo, porque quien empieza con muestras de avaricia termina impartiendo tiranía.


Atento a los políticos que cambian de casa durante sus mandatos (8). El político está harto de decir que no llega a ‘lo público’ para enriquecerse, pero si no tiene más ingresos que su sueldo como cargo público cómo es posible que pase de un piso a un chalet con vistas sin hacer favores. Sencillamente reflexiona.


En penúltimo lugar presta una especial atención a todo aquel político que precise de escolta policial (9) en un escenario sin terrorismo. Normalmente aquellos que mantienen agentes de policía a su servicio lo hacen porque saben que corren el riesgo de que alguien les caliente la cara. Sencillamente son conscientes de que están siendo injustos, malvados y buscan refugio en los medios que su cargo público les pone al alcance de la mano. También los hay que tienen escolta por una pura cuestión de ego, pero si a un mediocre de ese palo no lo hueles a la legua realmente da igual a quien votes.


Y en último lugar olvídate de siglas. Obvia las derechas y las izquierdas. Mira a los candidatos a la cara y si crees que es honrado, si piensas que puedes confiar en él, sencillamente utiliza esa sensación humana en caso de empate, en caso de indecisión.